Aragonès cesa fulminantemente al vicepresident tras la amenaza de la cuestión de confianza

Aragonès cesa fulminantemente al vicepresident tras la amenaza de la cuestión de confianza

La exhibición de la «deslealtad» posconvergente, pidiendo una cuestión de confianza, enerva al president «Todos los escenarios están abiertos», admiten fuentes de ERC y JxCat sobre una posible ruptura

La doble amenaza de Junts ha terminado con el cese fulminante del vicepresident Jordi Puigneró. El jefe del Executiu, Pere Aragonès, ha decidido tomar cartas en el asunto después de que sus socios en el Govern presionaran, primero con un ultimátum y después con una cuestión de confianza, dejando al Govern al límite de la ruptura. Tras un Consell Executiu extraordinario que se ha alargado durante dos horas y 20 minutos y otra reunión posterior con el secretario general de la posconvergencia, Jordi Turull, con quien habló durante más de tres horas y sin la participación de la presidenta del partido, Laura Borràs, pese a haber estado en Palau, ha tomado la decisión definitiva alegando «pérdida de confianza» porque no le informó de la maniobra posconvergente.

Según fuentes de Palau, Aragonès ha preguntado a cada uno de los consellers de Junts «si conocían la propuesta de la cuestión de confianza y si están de acuerdo con ella», una estrategia audaz para evidenciar la dualidad entre Junts-Govern y Junts-partido, ya que los titulares de los seis departamentos en su poder no están por abandonarlos en bloque, a no ser que la dirección les obligue a hacerlo, una decisión que tratarán en la ejecutiva posconvergente este jueves por la mañana.

Los consellers de Junts han iniciado la reunión en una posición «granítica» en defensa de la posición del partido, según fuentes de la Generalitat. Pero, con el transcurso de las horas, los representantes posconvergentes «empezaron a mostrar fisuras en su unidad». Solo el vicepresidente Jordi Puigneró conocía de antemano que se iba a plantear una cuestión de confianza, algo que molestó extremadamente a Aragonès, por cuanto él había «explicado la vía canadiense tanto al vicepresidente como al propio Jordi Turull», con quien se ha reunido tras el Consell Executiu durante más de dos horas. Junts desmiente que se hubieran producido tales fisuras y fuentes del partido descartan que pueda haber deserciones a título individual.

«Han sido desleales«, apuntan los republicanos, que ya no dan por hecho que no se rompa el Executiu, aunque remachan que no entra en los planes del ‘president’ expulsar directamente a los ‘consellers’ de JxCat porque alegan que es una decisión que deben tomar ellos mismos al criticar al gobierno y a su líder. Y es que, a juicio de Esquerra, el cese sería la solución que buscan los socios con el objetivo de construir el escenario de que ERC es la «culpable» del divorcio.

Esquerra no cederá en las tres exigencias que blande la posconvergencia para afear a los republicanos falta de compromiso con el pacto de gobierno -la unidad en Madrid, la mesa de diálogo acotada a la amnistía y la autodeterminación, y la dirección estratégica-, mientras que JxCat eleva la apuesta amenazando con una prerrogativa que sólo puede activar Aragonès y que, evidentemente, no entra en sus planes. Está por ver si, finalmente, asumen que solo una moción de censura podría echar al jefe del Govern y disolver, a la vez, su equipo de ‘consellers’, para lo que se requeriría una alternativa con presidenciable sometiéndose a la valoración del pleno.

El president está convencido de que su hoja de ruta pragmática -el diálogo y la negociación- es la única que hoy por hoy está sobre la mesa y que debe complementarse con la vía canadiense para recabar apoyos en la comunidad internacional. Algo que, para Junts, provocó el rápido rechazo de Moncloa y la «soledad» del jefe del Govern, que tan sólo convenció -y parcialmente- a los ‘comuns’.

41 de 74 diputados

El argumento posconvergente es que el ‘president’ desoye, que ha perdido el apoyo de 41 de los 74 diputados que le avalaron -los que suman Junts y CUP- y que está siendo forzado a tomar decisiones. Precisamente, todo lo contrario de lo que opina Esquerra, convencida de que Junts se está rompiendo por dentro con ofensivas que no pueden cumplir porque no saldrán del Consell Executiu. El partido puede resquebrajarse si no logra ganar este pulso y arrancar un gesto de Aragonès que les permita explicar que deben permanecer en el Govern.

De lo contrario, su presión se convertirá, de nuevo, en un bumerán contra las propias filas. De ahí que, pese a la amenaza desde el atril del hemiciclo, las primeras espadas empiecen a rebajar el tono. Lo que está en juego es la estabilidad de un Executiu en convulsión constante, pero también el poder y la influencia para encarar el multiciclo electoral que se avecina.

La externalización del conflicto

Algunos ‘consellers’ de Junts no estaban informados de que la apuesta del partido se elevaría hasta el punto de pedir una cuestión de confianza

Desde Palau mantienen que plantear una cuestión de confianza supone, precisamente, retirar la confianza en el líder del Consell Executiu y en su líder, así que reclaman a Junts que se aclare, que tome las decisiones oportunas y que no externalice un «conflicto interno» a la primera institución catalana. Y es que, según varias fuentes, algunos de los ‘consellers’ posconvergentes no estaban informados de que la apuesta del partido se elevaría hasta el punto de pedir una cuestión de confianza.

En pleno debate de política general, que se retomará el viernes, ERC y Junts sólo han registrado 22 propuestas de resolución sectoriales conjuntas, en la carpeta ‘procesista’ va cada uno por su lado y Junts, con textos en los que reivindican el papel de sus ‘consellers’ en el procés.

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Los republicanos aseveran que lo que ahora se exterioriza lleva larvado un año, desde que, contraviniendo el plan de Govern, alegan, Junts quiso poner en su delegación en la mesa de diálogo a personas que no eran miembros del Executiu. Con las sillas de los posconvergentes vacías en lo que es el gran objetivo estratégico del Executiu, el foro de negociación, lo «lógico», señala, es que «se hubieran ido». «Pero aquí tan importante es si rompemos o no como quién rompe, quién es el malo de la película para el electorado, a ocho meses de las elecciones municipales», zanja un republicano.