Si no me gustan los amigos de mi hijo, ¿debo intervenir?

Si no me gustan los amigos de mi hijo, ¿debo intervenir?

Hay ocasiones que las amistades de nuestros hijos nos pueden quitar años de vida. Vemos que les hacen daño, que no les tratan como se merecen o que directamente, sentimos que son una mala influencia. La adolescencia tiene muchas cosas maravillosas, pero debemos contar con su rechazo cuando les decimos las cosas por su bien.

¿Cómo educo a mis hijos para que elijan bien sus amistades?

Como madres y padres influimos, sobre todo cuando son más pequeños, en las amistades que tienen. Básicamente, su círculo de amigos son aquellos niños con los que nosotros decidimos que pasen tiempo. Ya sea compañeros del cole, hijos de nuestros amigos o vecinos. ¿Qué ocurre cuando crecen y desean su espacio y libertad para decidir por ellos mismos? Pues que vemos cómo se nos escapa ese poder que ejercíamos sobre ellos.

Es muy importante que “como padres estemos muy atentos al modelo que tienen de selección de amistades a lo largo de la vida”, nos aconseja José Carlos Ruiz, profesor de filosofía, en uno de los cursos de nuestra plataforma: Desarrollo del pensamiento crítico. El experto, en un vídeo que dedica a hablar sobre las amistades, hace hincapié en el hecho de que, si no seleccionan bien su grupo de amistades, por el camino perderán su personalidad solo por agradar a los demás.

Eso le lleva a establecer modelos de amistad que existen. Es importante distinguirlos y saber quién pertenece a cada grupo, ya que de esta forma les evitaremos frustraciones o tristeza por sentir que no los quieren de la misma forma que ellos lo hacen.

Amistad por interés

“Consiste en que ellos identifiquen que los amigos que tienen están ahí porque hay un interés mutuo en algo muy concreto, entonces esta amistad es exclusiva para este tipo de interés, no tiene por qué abarcar el resto de los intereses”. De esta manera, cuando alguien les reclame por interés, ellos serán capaces de identificarlo y decidir si quieren o no participar en el asunto.

Amistad por diversión

Este modelo es el más común en nuestra sociedad, y el que más peso e influencia tiene cuando nuestros hijos son adolescentes y preadolescentes. José Carlos Ruiz nos aconseja que “tenemos que ayudar a nuestros hijos a identificar en qué modelo de diversión se encuentran a gusto para que hagan una buena selección de este tipo de amistades”. Si consiguen esto, sabrán que es el momento de dejar a un lado una amistad cuando esta misma les haga sentir incómodos o a disgusto.

Amistad por virtud

“El modelo más importante y complicado de conseguir”. Consiste en que ellos se den cuenta que cuando valoran a un amigo auténtico y se alegran por sus éxitos, tienen que notar y percibir que el amigo también se alegra por ellos. “Este modelo hace que ambos amigos progresen en su amistad por medio de lo que se denomina isonomía: notan que la valoración del amigo sobre ellos es igual de buena que la que ellos tienen sobre este amigo, por lo que potencian no solamente la relación de estima mutua, sino también de autoestima”. Estas amistades son las que Marian Rojas Estapé, psiquiatra, catalogaría como tus personas vitamina. Esas que te hacen sentir comprendido, que no te juzgan, que te hacen brillar, en definitiva, que te hacen sentir querido de la misma forma que tú sientes.

¿Qué debo hacer si no me gustan las amistades de mi hijo?

“Los padres debemos ser conscientes de que el momento de tener amigos que no nos gustan va a llegar y prepararnos para ello. No podemos pretender pasar del “amigo de juegos” al “censor de las amistades” el mismo día que le salgan los granos a nuestros hijos o les cambie la voz, eso es ridículo”. Así, el profesor David Pastor Vico en uno de nuestros eventos, nos da la clave principal: prohibirlo es un error. No vamos a conseguir que dejen esa amistad, al contrario, nos verán como un enemigo y sentirán que no los comprendemos. Por supuesto, hasta que ellos no lo decidan, al igual que nos pasa a los adultos, no se acabará.

Prohibirlo es un error. No vamos a conseguir que dejen esa amistad, al contrario, nos verán como un enemigo y sentirán que no los comprendemos.

Entonces, qué sí podemos hacer. Dejamos algunas claves de la mano del experto:

Invitémosle a nuestra casa

El objetivo es conocerlos, saber cómo son, cómo tratan a nuestros hijos y reconocer si nuestros miedos están infundados o no. Quizá esos amigos también necesitan buenos referentes adultos que les apoyen y les ayuden, seámoslo nosotros.

Crear espacios sanos a los que acudir

Está muy relacionado a lo anterior, pero el experto hace hincapié en el hecho de que aprendemos a ver otras posibilidades, otras vidas, cuando estamos con la familia o en la casa de un amigo. Los olores, las dinámicas, incluso la comida sabe diferente. Creemos espacios para que pasen tiempo con nosotros, con nuestros hijos, para que aprendan a conocer otras formas de relacionarse y apreciarlo.

Confianza y comunicación

Desde pequeños debemos tener la sana confianza para hablar con ellos sobre el mundo que les rodea y reflexionar sobre ello. Preguntarles por cómo es su relación con esa persona, si lo ve como un amigo, lo que valora o lo bueno y malo que saca de él. Intervenir puede ser evitar un mal mayor, pero dependiendo del caso, intervenir también puede suprimir una experiencia de aprendizaje necesaria.

NOTICIAS RELACIONADAS

David Pastor Vico nos insta a educar a nuestros hijos para tener una cabeza bien amueblada, con herramientas bien interiorizadas y reforzadas desde la infancia. Porque de esta forma “puede sacar provecho y aprender hasta del mismo diablo sin tener que quemarse en el infierno”. Dominio de las habilidades sociales, una buena gestión de la confianza, la comunicación familiar y el pensamiento crítico es lo necesario para lanzar a nuestros hijos a la adolescencia, donde hasta las “malas compañías” sumarán para hacer de ellos mejores personas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.