Samuel Kwesi relata la angustia del naufragio: «Vi morir a mis compañeros y pensé que el siguiente era yo»

Samuel Kwesi relata la angustia del naufragio: «Vi morir a mis compañeros y pensé que el siguiente era yo»

Con evidentes secuelas, tanto físicas como mentales, por la grave tragedia de la que salió milagrosamente con vida, el vecino de Marín Samuel Kwesi se encontró esta madrugada con la que es su «familia» de adopción en la villa portuaria.

Con las manos todavía hinchadas como uno de los efectos de la hipotermia que padeció, el reencuentro con sus seres queridos de Marín fue agridulce: «Por un lado nos dice que está vivo, pero por otro no deja de pensar en sus compañeros de travesía, en los fallecidos y en los desaparecidos», explica Marta Piñeiro, quien ayer de madrugada pudo al fin abrazarlo.

Samuel ahora intentaba descansar. No pudo dormir en los últimos días. Ni siquiera en el avión de vuelta a pesar de la medicación. «No ha podido pegar ojo ya que viajaba al lado de los féretros de los que eran sus amigos». Esta mañana trataba de descansar en su domicilio. De momento quiere estar lejos de los focos para recuperarse. Sí tuvo fuerzas para contar a la gente más próxima de Marín los momentos tan duros que sufrió, sobre todo cuando logró saltar a la balsa salvavidas.

Estuvieron cinco horas a la deriva en las que, según les comentó: «Vi como mis amigos se iban muriendo uno a uno, veías como unos minutos antes te hablaba alguien y poco después ya no te respondía», relató con angustia a sus allegados en Marín.

«Vi como mis amigos se iban muriendo uno a uno»

«Pensaba que el siguiente era yo»; les relató, y explicó también como intentaba por todos los medios hacer aquello que había aprendido para intentar sobrevivir: «Nos dijo que en la balsa les había entrado agua, dado que estaban allí a merced de las olas, y que él intentaba por todos los medios que no le llegase a la zona superior del cuerpo, que si se le congelaba el pecho o el corazón sabía que moriría, que era lo que había aprendido siempre», explican quienes ayer hablaron con él de madrugada. Cuando lo recogieron asegura que tenía las manos congeladas.

En esas horas angustiosas que pasó en el bote de emergencia, le daba esperanza el hecho de avistar a una segunda balsa en la zona: «Eso nos hacía pensar que al menos un segundo grupo había sobrevivido al hundimiento«, relató a los amigos. Esta esperanza se convirtió en desesperación cuando fueron rescatados por el Playa de Menduiña y les dijeron que la segunda balsa estaba vacía: «Se desplomó», dicen sus amigos.

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Se daba cuenta de la magnitud de la catástrofe y de que solo ellos tres habían sobrevivido a la tragedia. Una vez en el barco pudo contactar a través de las redes sociales con su familia y su mujer en Ghana para decirles que se había salvado. Luego lo hizo con su «familia» marinense. Hoy estaba citado en la sede de la casa armadora pero su estado no le permitió asistir. Está a la espera de que lo visiten tanto el médico como el psicólogo para iniciar una recuperación que va a ser lenta, tanto en lo físico como en lo mental. Aunque eso sí, bien arropado por su «familia adoptiva» de Marín y el resto de la comunidad de la villa portuaria.

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