Qué ocurre cuando les decimos a nuestros hijos: “deja, que ya lo hago yo” o “eres tonto, no sabes”

Qué ocurre cuando les decimos a nuestros hijos: “deja, que ya lo hago yo” o “eres tonto, no sabes”

Si nos paramos a pensar fríamente, ¿cuántas veces al día nos dirigimos a nuestros hijos para corregirlos y cuántos para resaltar algo bueno? Las etiquetas son realidades en su cerebro y cuando a nuestros hijos los invalidamos con frases como: “qué tonto estás” o “eres muy tonto”, ellos dejan de hacer cosas e involucrarse. Debemos cuidar nuestros mensajes, lo que les decimos también cala en la forma de comportarse.

¿Cómo afectan las etiquetas a nuestros hijos?

El psicólogo Alberto Soler ya nos ha hablado muchas veces del peligro de las etiquetas, como por ejemplo en esta ponencia, ya que son muy fáciles de poner, pero muy difíciles de quitar. Una vez etiquetamos a una persona, esta tiende a comportarse de acuerdo con la etiqueta que le hemos puesto, lo cual acaba condicionando sus oportunidades y su desarrollo.

Algunas de las consecuencias de etiquetar a nuestros hijos son:

Dañan y limitan su autoestima.Bajan la confianza que tienen en sí mismos (lo que creen que son ya se lo hemos dicho nosotros).Desmotivan. “Para qué voy a hacer otra cosa, yo soy así”.Provocan miedos.

¿Qué hay detrás de un niño que se siente desmotivado?

Si nuestros hijos viven situaciones que poco a poco les anulan, poco a poco terminarán pensando que, efectivamente, no son capaces. Cuando vemos que no se implican con nada o que “pasan” de intentar hacer algo, lo que nos están tratando de decir es: “no esperes nada de mí porque no soy capaz”. La experta en disciplina positiva, María Soto, en su curso “Entender el mal comportamiento” habla largo y tendido sobre ello. En primer lugar, los niños que suelen sentirse desmotivados suelen comportarse de la siguiente forma:

Actitud esquiva.Llantos sin motivo.Conductas regresivas como hacerse pis o caca.Pasividad.Inseguridad.

Pero no nos quedemos solo con las conductas, veamos más allá, qué creencias esconden:

Sienten que deben rendirse porque no son capaces de hacer nada.Desmotivación.Se sienten inseguros por el entorno que les rodea.Desconexión con ellos mismos y lo que le rodea.Se sienten inútiles.

En definitiva, con sus actuaciones nos tratan de decir que no esperemos nada de él, porque él no lo hace.

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a que no esté tan desmotivado?

María Soto nos recuerda la importancia de la conexión, de ver a nuestros hijos y darles espacio de seguridad y confianza.

Algunas propuestas para trabajar la confianza de los niños desmotivados:

1. Enunciados que den confianza

Nuestros hijos necesitan saber que estamos ahí para darles espacio para que hagan las cosas por ellos mismos. Por ejemplo, si continuamente nos dice “yo no sé”, probemos a decirle: ¿quieres intentarlo?, mamá/papá estará aquí si necesitas ayuda. Si no lo intentas, nunca te va a salir, ¿quieres que probemos?

2. Enseñemos cómo sí se hace

A veces nos centramos tanto en decirles cómo no se hacen las cosas que nos dejamos a un lado lo más fundamental: enseñarles cómo sí se hacen. Probemos a decirles cómo lo hacemos nosotros, por ejemplo, recoger los juguetes, que ellos nos vean y participen. Posteriormente, decirles que a partir de ahí lo harán con un poco de nuestra ayuda, pero siendo ellos los que lideran. Poco a poco iremos retirando nuestra ayuda para decirle que si nos necesitan estaremos cerca para echarles una mano. Por supuesto, lo más importante es felicitarles por ese logro que han conseguido ellos solos y centrándonos en su conducta, no en lo listos que son.

3. Esfuerzo vs. resultado

Revisemos cuántas veces nos fijamos solo en el resultado de las cosas y no en el proceso, en el esfuerzo, en todos los recursos que ha usado, en la ilusión que ha puesto.

4. “Me gusta estar contigo”

Como hemos dicho, las palabras son determinantes, para bien o para mal. En este caso, qué valioso es decir me gusta estar contigo. Para ellos significa muchísimo, los estamos tratando desde un “te veo” hasta un “te queremos hagas lo que hagas, o lo que no hagas”.

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Cuando llamamos a nuestros hijos “tontos” o hacemos el trabajo por ellos, actúan desmotivados porque no sienten que pertenezcan a ningún sitio. No pueden decidir ni sentirse capaces en ningún aspecto de su vida, porque todo viene de fuera y nadie tiene en cuenta cómo les afecta. Su creencia es que todos deben rendirse y dejarlos tranquilos porque no van a saber encajar y les da miedo intentarlo.

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