¿Qué es el estrés térmico, que tanto afecta en las ciudades, y cuáles son sus síntomas?

¿Qué es el estrés térmico, que tanto afecta en las ciudades, y cuáles son sus síntomas?

El estrés térmico es un fenómeno que se da sobre todo en las ciudades y produce en las personas una sensación de malestar que abarca desde náuseas, fatigas y calambres hasta agotamiento extremo y desmayos

El calentamiento global está generando, cada vez más, olas de calor más intensas y duraderas, y que están afectando a la salud de las personas. 

Y parece que esta situación no va a mejorar a corto plazo si tenemos en cuenta las últimas predicciones de la Organización Mundial de Meteorología.

Según este organismo, existe un 20% de posibilidades de que a partir de 2024 el aumento de las temperaturas globales superen de media el umbral de 1,5°C. 

Una de las consecuencias de las temperaturas extremas asociadas al cambio climático, y que empieza a sufrir un alto porcentaje de la población, es el estrés térmico por calor. 

Se trata de un fenómeno que produce en las personas una sensación de malestar que abarca desde náuseas, fatigas y calambres hasta agotamiento extremo y desmayos conocidos como golpes de calor.

El estrés térmico se acentúa en las ciudades

Estos episodios son todavía más alarmantes en las áreas urbanas, donde la mezcla de contaminación por el tráfico, el asfalto y la escasez de zonas verdes convierten a las ciudades en “islas de calor”. 

Este fenómeno es el culpable de un aumento en las patologías directamente relacionadas con la subida de las temperaturas, como los problemas respiratorios y cardiacos o las enfermedades cutáneas relacionadas con un exceso de calor y sudoración.

Según datos del Ministerio de Transportes de España, aproximadamente el 75% de la población europea vive en ciudades. Teniendo en cuenta este dato, la construcción de más parques y edificios inteligentes y sostenibles que ayuden a regular la temperatura puede resultar decisivo a la hora de mitigar esta situación. 

Además, metidos de lleno, como estamos, en una grave crisis de energía, este tipo de acciones ayudarían a reducir el enorme gasto energético que se produce diariamente por el uso de aires acondicionados o ventiladores. Y también contribuiría de manera importante a la lucha contra la contaminación urbana.

¿Es posible prevenir este fenómeno?

Lo primero para combatir el estrés provocado por el incremento de las temperaturas en todo el planeta es, según María Sánchez, e-Health Manager de Cigna, conocer los peligros que puede tener para la salud. 

Una vez que tenemos claro lo mucho que afecta a la salud de las personas, es hora de implantar medidas que ayuden a combatirlo. 

«Prevenir sobre los peligros asociados al incremento brusco de temperaturas puede reducir el número de casos o episodios de estrés térmico, especialmente en el caso de personas de edad avanzada o con problemas cardiovasculares y respiratorios, que son más sensibles, así como el grupo de población más vulnerable a estos episodios».

¿Qué síntomas tiene el estrés térmico?

Los expertos en salud de Cigna quieren hacer hincapié en las medidas de prevención del estrés térmico y aportan unos datos que es importante conocer:

Empezando por los síntomas que produce el estrés térmico, ya que son fundamentales para poder detectarlo a tiempo y que la situación no se complique. 

Algunos de los síntomas más comunes son:

Aceleración del pulso cardíaco.Elevación de la temperatura corporal, que puede llegar a alcanzar hasta los 42º C.Exceso de fatiga.Vértigos o mareos.Náuseas.Malestar general.Desorientación o confusión.Calambres.Desaparición de la sudoración.

¿Las zonas verdes son importantes?

La construcción de más parques es esencial para ayudar a reducir las temperaturas en las ciudades. Hacen falta más zonas verdes. Pero esta medida depende directa y exclusivamente de las distintas administraciones. 

En cualquier caso debemos saber que los árboles aportan infinidad de beneficios para las personas y para el entorno como, por ejemplo, la generación de oxígeno que ayuda a regular la temperatura y la humedad, la lucha contra la contaminación, la mejora del bienestar emocional y de la salud física.

Mientras tanto, lo que si podemos hacer es optar por desarrollar momentos de nuestro día a día en entornos naturales. 

Adaptar el ritmo y el puesto de trabajo

Una de las principales medidas para minimizar el riesgo de padecer estrés térmico es aclimatando el lugar de trabajo, creando un espacio fresco y con bajos niveles de humedad a través de una buena ventilación, o reduciendo la temperatura del interior. 

En el caso de que el trabajo requiera mucho esfuerzo físico, hay que establecer pausas más frecuentes y buscar lugares frescos para descansar.

También es importante llevar ropa cómoda, suelta y de colores claros, así como adaptar el ritmo de trabajo a la tolerancia que tenga cada empleado al calor.

Vigilar el agotamiento físico y mental

En general el calor afecta negativamente al cerebro. Provoca que funcione peor, que estemos más lentos mentalmente y más cansados a causa del sobreesfuerzo que tiene que realizar este órgano para autorregular la temperatura corporal. 

El resto del cuerpo también ve ralentizada cualquier tipo de respuesta. 

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Y para detectar un posible golpe de calor es una de las variables que demos vigilar, ya que un cansancio exagerado puede convertirse en un síntoma.

Los expertos recomiendan

Mantenerse correctamente hidratado, y beber agua con frecuencia es uno de sus primeros consejos. Concretamente beber un vaso de agua fresca (12ºC) cada 15-20 minutos, incluso aunque no se tenga sed, y en pequeños sorbos.Comidas ligeras y fáciles de digerir. La alimentación es esencial en cualquier momento del año y, especialmente, en épocas de mucho calor. En el caso del verano es muy importante tomar alimentos que sean ricos en agua como las verduras y la fruta, ya que son nutritivas, sanas y refrescantes. Se recomienda reducir el consumo de bebidas alcohólicas y azucaradas, ya que aportan nutrientes vacíos y contribuyen a la deshidratación del cuerpo.Dormir bien para vivir mejor. Lo ideal para tener un sueño de calidad y saludable es dormir entre 7 y 9 horas, lo que se traduce en una mejor productividad y concentración, y una mejora del sistema inmunitario. Para mejorar el sueño en estas noches tórridas, en las que pegar ojo es casi imposible, los expertos aconsejan usar ropa de cama ligera, evitar el consumo de cafeína y no hacer ejercicio físico en las horas previas al sueño.También recomiendan probar con una ducha de agua templada antes de meternos en la cama. Un buen descanso ayuda al cerebro a tener un correcto funcionamiento y a no trabajar en exceso.¡Ah! Y en la calle piden que no olvidemos cubrir la cabeza con un sombrero, pañuelo o gorra, para evitar una exposición directa al sol.