Pogacar demuestra que tiene más hambre que Merckx

Pogacar demuestra que tiene más hambre que Merckx

Segunda victoria consecutiva del jersey amarillo que se refuerza al frente del Tour

Enric Mas estuvo entre los mejores del día en la Superplanche des Belles Filles

Pasen y vean.Admiren como la ligera brisa de los Vosgos levanta el polvo de la tierra sin asfaltar, la que aparece a 850 metros de la línea de meta. Hay que reforzarse y hay que luchar contra lo imposible, que se llama Tadej Pogacar y que ya lleva dos victorias de siete etapas disputadas.

Pasen y vean, compren boletos y admiren a un ciclista que tiene más hambre que cuando Eddy Merckx, hace 50 años, acribillaba a todos los rivales, aunque alguno como Luis Ocaña se resistiera más de la cuenta.

Se llama Jonas Vingegaard, un apellido difícil de memorizar al sur de los Pirineos, es danés y poco a poco está confirmando lo que se evidencia en cada dificultad de un Tour todavía joven pero que parece llevar por tercera vez consecutiva la firma de Pogacar. Y es precisamente Vingegaard el único que se atreve a protestar contra la dictadura.

¡Viva la revolución! Salta para capturar a 200 metros de la meta al pobre Lennard Kämna, que va fugado, que se ha pasado todo el día escapado. La meta tan cerca y la vez tan lejos, un mundo, un mundo entre ruedas por el que pelea Vingegaard, sin mirar atrás porque atrás viene Pogacar y no hace falta ni girar la cabeza. Llega para convertirse en una especie de César del Tour y repetir aquello de «llegó, vio y venció».

Pero, hay que frotarse los ojos para creérselo, Pogacar sobre tierra, sin asfalto, donde las ruedas de la bici se mueven como un pulpo en un garaje, se pone a 23,1 kilómetros por hora con rampas que alcanzan el 24%. Y así no hay nadie que pueda con él. Solo lo lograría Merckx si abriese una puerta del tiempo y apareciese vestido de Molteni en la Superplanche un 8 de julio de 2022.

Los demás, por detrás, hacen lo que pueden y lo que pueden es llegar entre los mejores, olvidarse de que Pogacar corre el Tour e ir a lo suyo, a escalar posiciones como hormiguitas en la general para situarse ya en el ‘top ten’: noveno es Enric Mas, en una jornada por los Vosgos en la que el corredor mallorquín estuvo entre los mejores del día, séptimo en la cima.

En 1952, cuando ni siquiera existía Eslovenia, la tierra de Pogacar, llegó al Tour Fausto Coppi al que en Italia llamaban el ‘Campeonissimo’. Su palmarés podría estar más nutrido que el de Merckx si de por medio no hubiese habido la maldita Segunda Guerra Mundial. Llegó a estar prisionero de los aliados. Tal fue su dominio en una ronda francesa disputada hace 70 años que los organizadores para incentivar la lucha por detrás decidieron otorgar un premio especial al segundo clasificado, que fue el belga Stan Ockers por delante de Bernardo Ruiz.

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Ahora ya no es necesario. Ahora existe el podio, algo que se ha ido fomentando estos últimos años como un premio similar al que representan las medallas de plata y bronce que se reparten en los Juegos Olímpicos. Y ese podio, a veces, frena el coraje para luchar por el amarillo porque la foto en París al lado de Pogacar vale su peso en oro olímpico. En tiempos de Coppi y Merckx solo valía ganar el Tour.