Pedro Castillo se queda sin partido y el Congreso peruano busca suspenderlo

Pedro Castillo se queda sin partido y el Congreso peruano busca suspenderlo

El presidente ha renunciado a esa formación de izquierdas mientras el Parlamento se prepara para desplazarlo del poder

El presidente Pedro Castillo abandonó Perú Libre, el partido al que se afilió en 2020 y un año después lo llevó a la presidencia. La «renuncia irrevocable» a esa formación de izquierdas no es más que un capítulo de su accidentada gestión. El maestro rural dijo que se despide del partido debido a su «responsabilidad como presidente de 33 millones de peruanos». Ese deseo de velar por toda la sociedad no se compadece con la realidad. Al pasar a la oposición, Perú Libre profundiza la debilidad de un Castillo que otra vez se encuentra al borde del precipicio político. Mientras comunicaba su decisión partidaria, en el Congreso, otra vez, comenzó a diseñarse un plan para sacarlo del poder.

La Comisión de Fiscalización aprobó con velocidad exprés el informe que recomienda denunciar a Castillo por presunta organización criminal y su injerencia en los ascensos en las Fuerzas Armadas, entre otras faltas. La legislatura deberá aprobar esa solicitud. La prensa limeña no duda en que el presidente volverá a enfrentar un juicio político porque a los votos de la derecha, repartida entre Fuerza Popular, el fujimorismo, y otras agrupaciones menores, se le sumarán seguramente congresistas que hasta hace poco pertenecían al oficialismo. Esta vez, el Parlamento apostaría por inhabilitar a Castillo porque se necesitan solo 66 votos para suspenderlo en sus funciones. La destitución, en cambio, requiere de 87 adhesiones y ha fracasado en dos intentos.

El Gobierno de Castillo no ha cumplido un año en el poder, pero ha transitado entre sucesivas crisis internas que lo obligaron a cambiar de equipo. Su premier inaugural, Guido Bellido, rompió amarras con el maestro rural casi recién investido. A pesar del distanciamiento, el actual parlamentario no parece dispuesto a avalar la suspensión del presidente. «Con chismes no se pueden bajar al presidente».

Moción de censura

El que no pudo evitar la moción de censura fue el actual ministro del Interior, Dimitri Senmache, acusado de haber protegido al ex ministro de Transportes y Comunicaciones, Juan Silva, cuando se dio la fuga después de ser denunciado por actos de corrupción. Silva se encuentra prófugo de la justicia. Senmache cree que la moción en su contra es apenas un paso previo que apunta contra la máxima autoridad ejecutiva. «Lo que quieren hacer es entorpecer la gestión del presidente Castillo».

Ahora, frente a los nuevos desafíos de supervivencia, el mandatario ni siquiera tiene el tímido respaldo de Perú Libre. La relación con el líder de ese partido, Vladimir Cerrón, nunca fue armoniosa. No obstante, el diario Perú21 sostiene que son caras de una misma moneda del desatino. «El mandatario y el dueño del partido son hermanos siameses y la progresiva destrucción de la institucionalidad y la economía del país en apenas un año es responsabilidad de ambos. ¿Olvida Cerrón que en este primer año puso al premier y copó varios ministerios, entre ellos Salud y Energía y Minas, con gente inexperta y en muchos casos con escandalosos prontuarios antes que con una adecuada trayectoria profesional para cada cargo?”, señaló en su editorial de este viernes.

La prensa de ese país ya da como un hecho que Castillo tiene los días contados, al punto de que comenzó a hablar de la sustitución por parte de la vicepresidenta, Dina Boluarte. Días atrás, Boularte dijo que no tendría problemas en encabezar una sucesión si las circunstancias lo requirieran. A pesar de esa insinuación, ella aseguró confiar en la continuidad del maestro rural. “El presidente no se va a ir, el presidente va a culminar el 28 de julio 2026”, aseguró al programa televisivo Cuarto Poder.

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En medio de una inflación cercana al 9%, la mayor de los últimos 25 años, y un latente malestar social, la suerte de Castillo no despierta mayor interés entre los peruanos. Tampoco suscita adhesión el trabajo de la legislatura. De acuerdo con una reciente encuesta de la consultora Ipsos, la impopularidad del presidente es del 70%, mientras que la del Congreso asciende al 75%.