Moussa Sissoko, el gran (y único) perdedor

Moussa Sissoko, el gran (y único) perdedor

Hablar de Dembélé es no saber de qué hablar. Se le quiere o se le odia al mismo tiempo, sin saber exactamente por qué y sin saber si, pasados unos minutos, se le odiará o se le amará. Ousmane es ininteligible, como un libro complejo al que hay que interpretar constantamente, pero sin letras porque nunca habla. El Camp Nou le pitó y le aplaudió a la misma velocidad que el francés tachó con la derecha el número cuatro para escribir con la izquierda el número dos donde antes estaba el cuatro. Así selló su continuidad con el Barça hasta 2024, un acuerdo que agotó durante meses la paciencia de Mateu Alemany y, en cierta medida, hasta del propio Xavi, su gran valedor en el club junto a Jordi Cruyff.

Por eso interpretar a Dembélé es un ejercicio inútil e imposible, que desgasta y que se vuelve innecesario. Lo único que sabemos de su postura en todo este culebrón es que desde el primer día dijo a Xavi que quería seguir y que no tenía nada firmado con cualquier otro club. No mintió y el tiempo le ha dado la razón. Seguramente parte de la culpa la tiene que quienes se habían interesado por él no han apostado tal y como el jugador (y sobre todo su agente) habría querido. Ni primas de fichajes ni ofertas firmes y lo suficientemente interesantes como para cambiar Barcelona por cualquier otra ciudad europea. Pero de toda esa historia no tenemos información y, en cambio, sí sabemos que, acompañando a su compromiso con Xavi, ha aceptado dos años más de contrato bajándose sustancialmente la ficha y aceptando la nueva escala salarial de una primera plantilla insostenible a nivel económico. Dembélé ya no es un problema para el Fair Play financiero.

Gana Dembélé, que sigue donde quería seguir, gana Mateu, que ha logrado una renovación a la baja, y gana Xavi, que tiene al jugador que quería tener. Gana, en definitiva, el Barça, que seguirá contando con un futbolista distinto, de los que deciden partidos. Ganan todos menos quien más quería ganar: Moussa Sissoko.

El representante del futbolista es el gran perdedor de toda esta historia que inició él mismo, haciendo caso omiso a la voluntad de su cliente y ofreciéndole al mejor postor, como si fuera una subasta de terneros y al grito de “¿quién da más?”. Nadie ha dado más y, sobre todo, nadie le ha dado lo que viene persiguiendo desde que llegó a la Ciudad Condal cogido del brazo de Ousmane, una prima de fichaje que deberá pintársela al óleo y ponerle un marco antes de colgarla en su hogar para poder contemplar su gran obra incompleta. Moussa Sissoko ha perdido su partida con el Barça, pero también la ha perdido con su cliente.