Miriam Blasco: «Miré al mundo desde el podio»

Miriam Blasco: «Miré al mundo desde el podio»

La judoca escribiría su nombre con letras de oro en el olimpismo español al ser la primera mujer en lograr un oro en unos Juegos

Conquistaría el oro en la categoría de -56 kilos ante la británica Kim Fairbrother… ¡con la que se casaría años después!

Nos adentramos en el Palau Blaugrana. Las gradas, desiertas, nos reciben en silencio, solo roto por unos operarios que supervisan el sistema eléctrico apagando y encendiendo los gigantescos focos del recinto. Pisamos la pista. Los ojos de Miriam Blasco (Valladolid, 12 de diciembre de 1963) reflejan añoranza. Mira a su alrededor. Me señala el lugar donde hace 30 años había instalado un tatami azul que sería escenario de su pelea final ante Nik Fairbrother. Aquel 31 de julio de 1992 más de 7.000 personas abarrotaban el pabellón. Ella, como si fuera ayer, aún recuerda aquella noche mágica y los gritos de ánimo de un público enfervorizado.

“Me parece un sueño, no me parece real. ¡Ostras, cuánto tiempo ha pasado! Se me sigue poniendo la piel de gallina todavía”, me confiesa mientras le pregunto por los recuerdos que conserva de aquel combate que le daría el oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Se toma una pausa, respira hondo, vuelve a mirar a las gradas y se emociona: “Ha pasado tanto tiempo que a veces me da la sensación de que no ha existido”.

Blasco, que haría historia en Barcelona 92 al convertirse en la primera mujer en ganar una medalla de oro para España en unos Juegos, rememora aquel hito con humildad. Ser la primera impulsó su nombre y su figura a modo de símbolo, pero ella rehúye protagonismos: “Para mí fue un impacto. Me sigo sintiendo satisfecha pero sigo pensando que tuve la suerte de ser la primera, pero fue injusto porque no fui yo sola, fuimos las mujeres de Barcelona las que protagonizamos un boom de resultados que luego han servido de referente. Fuimos pioneras en luchar por la invisibilidad de la mujer”.

…y le llegó la fama

 Su rostro, hasta entonces casi anónimo, saltó a los medios de comunicación. Todos querían agasajarla con recepciones, aparecería anunciando en televisión el Cola Cao, su nombre sería pregunta del Trivial… La medalla dorada había cambiado su vida y, poco después, engullida por tanta popularidad, ¡zas! se quedó, en sus propias palabras, vacía. “Tras años luchando por el oro, llegas a la cima y te preguntas: ‘¿Y ahora qué? ¿Qué voy a hacer? ¿Cuál es mi próximo objetivo? Pasé una especie de depresión postmedalla. Quería desaparecer. Me quedé un poco vacía hasta que volví a encontrar otras metas, otras motivaciones”.

Detrás de aquel oro muchos desconocían el sufrimiento que acompañaba a la judoca española. Apenas mes y medio antes de disputar la final de judo en la categoría de -56 kilos, un trágico accidente de moto en el puerto de La Carrasqueta, camino de Alcoy, acababa con la vida de Sergio Cardell, su entrenador, su mentor y, ante todo, su amigo. Miriam se culpabilizó porque aquella maldita moto se la había regalado ella a su entonces pareja, Alfredo Aracil. Pasó tres días llorando. Estaba hundida. Su participación en los Juegos peligraba.

Fue el día más feliz y el más triste de mi vida. Tras el oro me quedé vacía, quería desaparecer»

Hasta que apareció Josean Arruza. La rescató. Asumió el papel de entrenador y psicólogo, y, a contrarreloj, Miriam Blasco llegaría al tatami del Palau “mejor que nunca. No me valía la plata, solo quería ganar”. Luego, ya saben, el oro, el Olimpo…Tres décadas después, aún recuerda aquel día “como el más feliz y el más triste de mi vida” y, reconoce, que aquella cicatriz sigue abierta: “Siempre la tendré, aunque con el tiempo lo veo de otra forma. Me hago mayor, pasa la vida, al final no está aquí, como tampoco mis padres. De una forma u otra la muerte la vivo de manera diferente”. El destino volvería a unir, tiempo después, a los dos cuando el ayuntamiento de Alicante pondría el nombre de Miriam Blasco a una avenida que desemboca en una rotonda con el nombre de Sergio Cardell.

A la Miriam de hoy, a sus 58 años, no le gusta “mirar atrás. Eres quien eres, debes seguir tu camino”. Y, de vuelta a los Juegos del 92, dice sentirse “orgullosa de haber luchado y sacrificado tanto. Miré al mundo desde lo más alto del podio”.

del judo a la política

Tras tocar el cielo olímpico, el impulso de Barcelona no le alcanzó para lograr plaza en los Juegos de Atlanta 96. Aunque seguiría un tiempo como entrenadora y seleccionadora nacional, el judo ya no sería su prioridad. Escribiría un libro, ‘El precio del oro’, donde plasmaría sus vivencias como judoca y el coste que pagó por conseguir la presea dorada. Miriam se reinventaría. “En deporte ya lo había dado todo. Sin motivación para ganar medallas -asevera- no quería ser una mujer florero”. Dejaría de luchar en los tatamis para hacerlo en la política. De la mano del Partido Popular, ejercería de senadora y diputada teniendo como prioridad la promoción y la igualdad del deporte femenino. Se marcharía de la política 16 años después, “cuando cumplí mis objetivos”. En el plano personal, años atrás su vida también daría un giro inesperado. Se separaría de su marido y, digno de un guion para otro libro o serie de Netflix, comenzaría una relación y se casaría con… ¡Kim Fairbrother!, su rival en la final de los Juegos Olímpicos.

Miriam Blasco se emocionó cuando volvió al Palau, donde ganó el oro  | JAVI FERRÁNDIZ

30 años después de Barcelona 92, me despido de Miriam Blasco. Mientras dejamos atrás el Palau Blaugrana, me cuenta, entusiasmada, que compagina dar clases de judo -“intento echar una mano a los jóvenes”- con conferencias, voluntariado, poesía y “nuevos retos para sentirme viva”. Me habla de su ascensión al Annapurna, de su último viaje al círculo polar ártico, del espectáculo de las auroras boreales… Miriam sigue brillando; su oro, también.

¿Fueron los de Barcelona los mejores Juegos de la historia?

 “Sí, por supuesto, sin ninguna duda, A nivel de resultados ahí están, está claro. Para España fueron unos grandes Juegos, pusieron a Barcelona en el mapa. Sigue habiendo un antes y un después de Barcelona en el deporte español. Lo que se consiguió en Barcelona fue muy importante para el deporte español. El plan ADO, creer en los deportistas… A nivel personal competir para tu país y en tu país y ganar un oro fue algo inimaginable. Fue impresionante ir a unos Juegos Olímpicos y ganarlos, lo máximo”.

Cuatro combates apasionantes para colgarse el oro

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El 31 de julio de 1992, a las 16.30 horas, comenzó la competición de judo en la categoría de -56 kg. Miriam Blasco, tras semanas de tensión, “solo quería que ese día acabara cuanto antes”. La judoca española quedó exenta en la primera ronda. Debutaría ante la coreana Sun-Yon Chung, todo un ‘hueso’. Ataviada con su judogi, un cinturón con el nombre grabado de Sergio y sus calcetines rojos de la suerte, marcó un ippon ganador a un minuto del final. La japonesa Chiyori Tateno era la siguiente. Uno de los jueces dio el triunfo a su rival pero el árbitro le concedió la victoria a Blasco por decisión. Disputa la final de grupo ante la cubana Driulis González. Otro ippon y a la final. Enfrente, la británica Kim Fairbrother. Miriam marca un yuko (5 puntos) con un barrido de pierna y, después, Kim una koka (3 puntos). Tras cuatro minutos de combate -“se me hicieron eternos”, recuerda Blasco-, la española aguanta los envites. Pitan el final. Se desploma en el tatami y rompe a llorar mientras el Palau Blaugrana la ovaciona en pie y clama “¡Miriam, Miriam!”. El oro era suyo.