Mi pareja y yo tenemos estilos educativos distintos. ¿Cómo afectará esto a nuestro hijo?

Mi pareja y yo tenemos estilos educativos distintos. ¿Cómo afectará esto a nuestro hijo?

«Antes de que nazca el bebé, hablamos y pactamos con nuestra pareja muchas cosas, entre ellas, el nombre que le pondremos, si la habitación irá pintada de amarillo o verde…, pero, a menudo, se nos olvida hablar de lo realmente importante. Hay grandes temas que no hablamos hasta que el niño no tiene 2 o 3 meses, y sería fundamental hacerlo antes para evitar problemas y poder hacer equipo». Esta frase es de una ponencia maravillosa del psicólogo Alberto Soler en un evento Educar es todo.

Ponencia Alber Soler: «Sí, los hijos nos cambian la vida»

En esta ponencia hablaba precisamente de lo común que es que dos miembros de una pareja tengan formas distintas de educar a un niño. Pero ¿esto podría llegar a ser un problema? ¿Cuándo podría acabar afectando a nuestro hijo?

Recordemos que somos una pareja

En su ponencia, Alberto nos recordaba dos cosas fundamentales:

«Entre las variadas razones que nos llevan a tener hijos está la de consolidar un modelo de pareja que funciona. Es decir, nadie debería tener hijos para solucionar los problemas existentes en la pareja, sino porque estamos tan bien con esa persona, que queremos consolidar la relación dando un pasito más».»Cuando iniciamos esta experiencia con otra persona, no puede ser satisfactoria si no contamos con su presencia, su apoyo y su complicidad». Por tanto: no podemos dejar de lado a la persona con la que hemos iniciado este proyecto.

Estas dos reflexiones nos llevan a una misma conclusión: no estamos solos en esto, y no lo estamos porque hemos decidido no estarlo, por tanto, debemos aceptar que a la hora de educar a nuestro hijo hay otra persona al lado que también tiene voz y voto.

No estamos solos en esto, y no lo estamos porque hemos decidido no estarlo, por tanto, debemos aceptar que a la hora de educar a nuestro hijo hay otra persona al lado que también tiene voz y voto.

¿Es malo tener dos estilos educativos diferentes?

Ahora que hemos aceptado que somos dos y, por tanto, habrá diferentes opiniones, cabe preguntarse: ¿es perjudicial para nuestro hijo que esto sea así?

Jane Nelsen, considerada la madre de la disciplina positiva, cuenta en su libro ‘Disciplina positiva de la A a la Z. 1001 soluciones a los problemas cotidianos en la educación de los hijos’ que «es absurdo pensar que ambos padres deben pensar y actuar exactamente del mismo modo con los niños. A los niños esto no les afecta en absoluto. Es más, les enriquece».

Tener un hijo con otra persona es un proyecto de dos, por tanto, no podemos excluirle | Freepik

Algunas recomendaciones para llevar mejor estas discrepancias educativas

Jane Nelsen nos da alguna consejos en su libro:

Respetar a nuestra pareja

Las relaciones deben basarse en el respeto mutuo. Cuando esto ocurre, ambos padres se respetan a sí mismos, además de al otro, y saben que se puede estar de acuerdo y en desacuerdo. «Lo que deben hacer es aprender a respetar las diferencias y también reforzar los puntos fuertes».

Abandonar el pensamiento bueno/malo

Nos decía Alberto Soler en su ponencia que «solemos pensar que hacer las cosas como las hago yo es hacerlas bien y hacerlas como las haces el otro es hacerlas mal». Lo ideal sería valorar las diferencias y observar cómo contribuye cada uno a la familia.

No intentar compensar lo que hace el otro

Un error común, según nos dice Jane Nelsen, es «intentar compensar lo que hace el otro yendo en la dirección opuesta y siendo muy estricto (para compensar el estilo permisivo del otro) o demasiado permisivo (para compensar un estilo muy estricto). No debemos hacer esto, los niños pueden aprender a vivir con estilos educativos diferentes, no es un problema».

No criticar al otro delante de los niños

Aunque estemos en desacuerdo, no debemos nunca criticar al otro delante de nuestros hijos, sino hablarlo cuando estemos a solas y tratar de llegar a un acuerdo para resolver el posible problema.

Y si los niños se nos quejan del otro, lo ideal sería, según Jane Nelsen, «sugerirles que lo hablen con la otra persona, nunca solucionarlo por ellos».

Celebrar reuniones familiares con regularidad

En estas reuniones, se expondrán los posibles conflictos familiares para tratar de llegar a una solución conjunta.

Pensar en lo que les estamos enseñando

Si nuestros hijos ven que nosotros, los adultos, a pesar de las discrepancias nos respetamos y somos capaces de llegar a acuerdos, aprenderán a relacionarse así con los demás. Si, en cambio, ven que en casa todos son gritos y faltas de respeto, aprenderán que eso es lo normal.

No a los sermones

A veces caemos en el error de sermonear a nuestra pareja para intentar que entienda que se está equivocando, que su forma de hacer las cosas no es la correcta. Los sermones no suelen funcionar ni con adultos ni con niños. Lo que sí funciona es el ejemplo. Compórtate como consideres con los niños. Seguramente la otra persona, con la observación, aprenderá nuevas formas de hacerlo y acabará integrándolas.

Pactar con antelación las cosas importantes

No todo es igual de importante, tenemos que ser capaces de priorizar y ceder. Pero, como nos dice Alberto Soler, «hay temas en los cuales no podemos ceder, es necesario hablar y cuanto antes, mejor». Cada uno debemos saber cuáles son esos temas, qué líneas rojas hay para nosotros que son inquebrantables.

Alberto, por si nos sirve de ayuda, nos dice cuáles cree que son esos 5 temas que deberíamos hablar con nuestra pareja antes de embarcarnos en la aventura de ser padres:

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