Los ganaderos españoles, en alerta por el impacto de la guerra en sus costes

Los ganaderos españoles, en alerta por el impacto de la guerra en sus costes

Que Ucrania es “el granero de Europa” no es un lugar común: es una realidad que conocen bien los ganaderos españoles, porque buena parte de la proteína vegetal que consumen sus animales procede de los campos de ese país. Lainvasión rusaha hecho saltar todas las alarmas en el sector por los posibles cortes de suministro y encarecimiento de los costes que puede suponer para el sector, en un momento en el que se apilan otros aumentos de precios por el repunte de la energía y por la sequía.

El 27,6% del maíz que importa España del exterior viene de Ucrania, así como el 12,9% del trigo, el 31,4% de las tortas de aceites vegetales y el 15,4% de las leguminosas, según los datos del ministerio de Agricultura. “Por supuesto que estamos muy preocupados, tenemos una dependencia muy importante de Ucrania para la alimentación animal, y tememos que haya problemas con el tráfico comercial por el conflicto”, resume Miguel Padilla, secretario general de la organización agraria COAG.

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Encontrar alternativas para un proveedor tan importante no es fácil, asegura Padilla: “el intercambio era bastante fluido, y cambiar de vendedor puede suponer dificultades importantes, como trabas burocráticas, u obtener las garantías necesarias de que el producto que se pacta es finalmente el que te llega”. Además de la alimentación animal, Ucrania aporta el 59,8% del aceite de girasol que España compra fuera de sus fronteras. 

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La nueva crisis y su posible repercusión en los precios se suma a un incremento medio de los costes de los ganaderos durante el último año de un 30%, calculan en COAG, por la escalada de los precios de la energía, esencial en explotaciones como las de pollos y conejos (para mantener calientes las naves) o las lecheras (para conservar el producto en tanques refrigerados). Además, el conflicto bélico iniciado este jueves abre la puerta a la imposición de nuevos embargos de Moscú a los productos del campo español, como el que ya puso en marcha en 2014 en respuesta a las sanciones de la UE por la invasión de Crimea y que cerró las puertas del mercado ruso al porcino y a las frutas y verduras españolas.

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