«Los de El Luarqués»: la historia de ilusión, tristeza y furia de los diputados que fueron amigos de Egea

«Los de El Luarqués»: la historia de ilusión, tristeza y furia de los diputados que fueron amigos de Egea

Una noche de finales de junio de 2018, dos días antes de la presentación de avales para aspirar al liderazgo del PP, un grupo de diputados le dijo a Pablo Casado que lo apoyarían. Un mes después se convirtió en el presidente del partido. Desde entonces, ese grupo de amigos atravesó un desierto de indiferencia e incomprensión. Algunos, incluso, el desdén de un antiguo integrante, de un viejo amigo llamado Teodoro García Egea.

Guillermo Mariscal, actual secretario general del grupo del PP en el Congreso, creó en 2016 un grupo de comidas y cenas con epicentro en un restaurante asturiano situado en la calle Ventura de la Vega, en el barrio de Las Letras de Madrid, junto a la Cámara Baja. «El Luarqués» es su nombre. Aquí varios diputados de más o menos la misma generación comenzó a reunirse para confraternizar y hablar sobre el presente y futuro del PP, pero también de la política española.

Tuvo eco enseguida entre los dirigentes de la organización, en especial entre los diputados y cargos de una misma edad, alrededor de los 40. Acompañaron a Mariscal en la idea Belén Hoyo, Carlos Rojas, Carlos Salvador -diputado entonces de UPN e íntimo amigo de Mariscal-, Jaime de Olano, César Sánchez (luego diputado por Alicante), Jordi Roca y Teodoro García Egea, y enseguida se unieron otros como Mario Garcés, Antonio González Terol o el propio Pablo Casado.

Su actividad fue intensa mientras gobernó Mariano Rajoy.La moción de censura que le apeó de Moncloa se convirtió en su primer punto de inflexión. El PP entró en una fase atípica de renovación, aquel proceso de primarias que combinó el pronunciamiento de las bases con el veredicto de los compromisarios. Casado cogió las riendas contra pronóstico, pues derrotó a la mujer que más poder había ejercido hasta la fecha, Soraya Sáenz de Santamaría.

La victoria del amigo les inyectó euforia. Atisbaron la transformación interna del partido, de la que tanto hablaron en aquellas comidas y cenas. Junto a Pablo, además, estaría otro de los suyos: Teo. En pocos meses la ilusión se les cayó de las manos. El grupo se siguió reuniendo, pero menos. Hoy es más un recuerdo que una convocatoria. Son las horas más tristes de unos amigos que creyeron que renovarían el Partido Popular. Que lo modernizarían.

A la espera de las próximas generales, «los de El Luarqués» asisten con inquietud, enfado y profunda tristeza a la etapa más crítica y convulsa del Partido Popular. El mismo grupo que dijo a Casado, una noche de junio de 2018, que lo apoyarían para intentar dirigir la formación referente del centroderecha español; el mismo grupo que, por cierto, fue el primero en expresarle respaldo; el mismo grupo que animó a García Egea a dinamizar unas estructuras que veían anquilosadas hoy quiere, más que nada, pasar página.

Mariscal, el artífice

La historia de este grupo que nació y se desarrolló en un restaurante asturiano es, por lo que dicen tres de sus integrantes originales a ‘El Periódico de España, medio que pertenece al mismo grupo editorial que este diario, una historia de melancolía. «Éramos amigos; ya no es lo mismo». Las fuentes culpan a Teodoro García Egea. Fuentes que se preguntan qué ha podido pasar en la cabeza del murciano para enemistar a tantas personas que estuvieron a su lado.

Guillermo Mariscal está a punto de cumplir 48 años. Cuando tiene la idea de impulsar las comidas, es portavoz en la Comisión de Industria del Congreso, poco más. Diputado por Las Palmas, fue cargo próximo al exministro José Manuel Soria. Su papel en la estructura del partido y en la del grupo parlamentario, históricamente, ha sido discreto, pero no es poco conocido. Una de sus habilidades, dicen los que le han tratado directa y rutinariamente, es la habilidad para unir equipos, apelando a lo humano. Otra es la capacidad de hablar con todos los partidos. Como secretario general del PP, esta legislatura, trabó sintonía con Rafael Simancas, su homólogo en el grupo socialista hasta que ascendió a secretario de Estado de Relaciones con las Cortes. Ahora la relación con la renovada estructura del grupo socialista es más tirante.

A pesar de haber vivido en la segunda fila del grupo parlamentario, Mariscal era diputado desde la VIII legislatura. Del Congreso se lo sabía todo. En 2016, año en el que se reedita el Gobierno de Mariano Rajoy tras la repetición electoral y la abstención del PSOE en la investidura, siente la pulsión de constituir un grupo cercano generacionalmente, así que implica a personas que sabe que piensan lo mismo, entre otras cosas porque son amigos. Amigos que creen que el PP está al filo de un cambio de ciclo organizativo.

«No eran conciliábulos», apostilla una de las tres fuentes consultadas; «éramos un grupo de amigos que ante todo queríamos hablar sobre el presente y futuro del PP». No se dedicaban a poner verde a Mariano Rajoy. Se dedicaban a imaginar cómo sería el PP posterior a Rajoy.

El auge de Teo

En el núcleo inicial abundan los diputados, entre los que está Egea, pero no sólo. Jordi Roca, afín a Alejandro Fernández, líder de los populares catalanes, se une. También Carlos Salvador, de UPN, que es íntimo de Mariscal.

El murciano, más novato, diputado desde la legislatura anterior, era entonces un perfecto desconocido. Inscrito en la misma comisión que Mariscal, la de Industria, en el grupo se va labrando fama de «coco». Es ingeniero industrial e ingeniero de telecomunicaciones. Es muy ambicioso. Intenta aprovechar cualquier momento para tener visibilidad. Por ejemplo, con motivo del Día de la Música, pusieron un piano de cola en la plaza de las Cortes para que el ciudadano/a que se sintiera capaz tocara una pieza. Egea no dudó en cuanto lo vio. Trascendió otra peculiaridad, la del campeonato del mundo de lanzamiento de aceituna mollar «chafá», de Cieza, la localidad en la que nació. En Twitter no paraba. Tan pronto estaba caminando por una montaña nevada con raquetas en los pies como devorando kilómetros con su «mountain bike».

Es una de las personas que más se implica con Casado, desde el primer minuto además. Hay quienes le atribuyen ser el hacedor de la candidatura del futuro presidente mediante algoritmos y cálculos de probabilidad. Cuando el líder le nombra secretario general, la sorpresa se generalizó no obstante. Sabían los más próximos que su ascendencia sobre el entonces diputado por Ávila había ido en aumento, pero no tanto. Un cargo como el de secretario general requiere un amplio conocimiento posterior del partido, que él no tenía. A toro pasado, las fuentes ven esta ignorancia, así como su arrogancia, las claves personales de su hundimiento.

El verano de 2018 fue un verano feliz para «los de El Luarqués». Casado irrumpió como el candidato que presentó más avales, por lo que cobró ventaja sobre Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, las favoritas para heredar el legado de Rajoy en el congreso de julio de ese año. La primera criba de las bases, aunque da la victoria a la ex vicepresidenta, permite al vicesecretario de Comunicación pasar a la segunda vuelta, la definitiva. Aquí ganó. Se convirtió en el nuevo líder. Joven, sin complejos, parecía que había llegado el momento del cambio de ciclo en el PP.

Aquello de lo que tanto hablaron en el restaurante asturiano estaba al alcance de la mano. Aquel sueño se hizo realidad.

La pesadilla y la furia

Más o menos todos los integrantes del grupo de «El Luarqués» asumen algún puesto de responsabilidad en la remozada estructura del PP. García Egea es quien llega más alto, como es sabido. Guillermo Mariscal recibe el encargo de coordinar el grupo liderado por Cayetana Álvarez de Toledo. Mario Garcés, a quien varios situaron al frente del área económica, inmerso en la campaña de Casado casi desde el principio de aquel verano, debe conformarse con la coordinación de las políticas económicas dentro del grupo del Congreso. Jaime de Olano es vicesecretario de Sectorial. Terol, vicesecretario del área municipal. Belén Hoyo asume la comisión electoral. Carlos Rojas más o menos mantiene el mismo puesto en las Cortes.

El grupo de «El Luarqués» acapara, por tanto, un protagonismo relativo en el nuevo PP, verano de 2018. Las comidas y las cenas quedan suspendidas durante un tiempo. Sus integrantes confían en que se reanuden, pero no es exactamente lo que ocurre. «Desde 2016 hasta el congreso mantuvimos muchos encuentros, tuvimos actividad. A veces venía gente de FAES a charlar con nosotros, o gente afín a Pablo de la época de Nuevas Generaciones en la Comunidad de Madrid», relata uno de sus protagonistas.

«Pero a raíz del congreso, la frecuencia baja, apenas se hacen reuniones», añade otro. Sí que siguen convocándose encuentros, y a ellos se une Pablo Hispán, por ejemplo, ex jefe de gabinete de Casado, en la actualidad portavoz del grupo en la Comisión de Asuntos Exteriores. Otra víctima del todopoderoso secretario general, ya exsecretario general. Pero no es lo mismo. Teodoro no regresó. Tampoco Pablo. El grupo cruza su segundo punto de inflexión.

Las relaciones con Egea se vuelven, en algunos casos, insoportables. Admite una de las fuentes que el rencor, incluso el odio, se ha hecho ostensible. Los amigos que dieron forma al grupo de comidas de pronto se ven relegados, y no sólo en Madrid, sino también en sus territorios. «Ha sido un proceso de laminación impresionante», ilustra una fuente. «Teodoro no ha sabido manejar bien la responsabilidad», comenta otro.

La trayectoria de «El Luarqués» se ha transformado sin quererlo en un trasunto de la trayectoria reciente del PP, un partido que se mece en la ilusión durante los inicios de Pablo Casado y que actualmente es un polvorín lleno de explosivos a punto de ser detonados. Las fuentes con las que ha hablado ‘El Periódico de España’ sienten una «pena inmensa».

Se pregunta una de ellas por qué. Qué afán de poder ha podido provocar semejante destrucción. Qué afán de poder y qué forma de ejercerlo. La gran pregunta, para esta fuente, no es ésa, sin embargo. Es la que conduce a plantear qué ha podido llevar a Casado a unir su destino al de Egea. Separarlo va a ser un milagro.

Guillermo Mariscal, Mario Garcés, Pablo Hispán y Carlos Rojas suscribieron este martes un documento, hecho público, en el que solicitaron la destitución inmediata de García Egea y la convocatoria de un congreso extraordinario. Ambas cosas han sucedido. «Le hemos dado una salida digna a Pablo», argumenta una fuente del PP. Además, Belén Hoyo ha dimitido de su cargo en la estructura de Génova.

Éste ha sido el último episodio de una historia que dura ya seis años: dos años de entusiasmo, cuatro años de perplejidad y dos días de furia y tristeza.

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Pese a todo, esperan volver pronto a «El Luarqués».

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