Las tensiones en Unidas Podemos debilitan su unidad ante el PSOE

Las tensiones en Unidas Podemos debilitan su unidad ante el PSOE

«Nos encontraremos muchos límites y contradicciones», avisó Pablo Iglesias a la militancia de Podemos al pactar con Pedro Sánchez. Aquellas palabras han sido premonitorias en infinidad de ocasiones. Entonces, el exlíder morado reconoció su papel de socio minoritario. Y ese argumento se ha esgrimido cuando han tenido que ceder ante el PSOE. Hasta esta semana. Esa unidad discursiva se ha roto, fruto de las tensiones internas que vive Unidas Podemos. Yolanda Díaz, Alberto Garzón y Joan Subirats respaldaron la rectificación de Sánchez de enviar armas a Ucrania, pese a ir en contra de sus posiciones tradicionales, por sentido de Estado; Ione Belarra e Irene Montero se mantuvieron firmes y rechazaron la decisión.

La salida de Iglesias, primero, del Gobierno y, después, de la política activa, obligaron a una reestructuración del espacio morado en mayo. Díaz se quedó al frente de Unidas Podemos en el Gobierno y Belarra con las riendas orgánicas de Podemos. Esta nueva dinámica no está funcionando como se esperaba. El entendimiento que se veía en los primeros días parece haberse desgastado y las distintas piezas de Unidas Podemos han dado muestras de pequeños desencuentros. La relación entre Díaz y Belarra es «normal», «correcta», relatan fuentes del entorno de esta última. Voces cercanas a la vicepresidenta coinciden y resaltan la buena coordinación.

Sin embargo, ese diálogo falló el pasado miércoles. Ambas estaban enteradas del giro de guion que iba a protagonizar Sánchez en su discurso en el Congreso, pero no acordaron cómo reaccionar, pese a que el anuncio del jefe del Ejecutivo de enviar armas a Ucrania iba en contra de lo que habían pactado con él días antes. Belarra mostró su disconformidad y Díaz apoyó a Sánchez. El resultado fue la exposición pública de las tiranteces moradas.

Las desavenencias

En las filas de Unidas Podemos hay quien ve estos roces como un lastre para surcar las contradicciones de gobernar con el PSOE. Sobre todo, en la segunda mitad de la legislatura, plagada de citas electorales y con gran parte del acuerdo de coalición por cumplir. Las tensiones se deben, en su mayor parte, al papel que jugará Podemos en el futuro proyecto de Díaz. La vicepresidenta lleva meses anunciando la construcción de una plataforma de la que apenas ha ofrecido unas cuentas pinceladas y que empezará a construir tras un proceso de escucha que arrancará en primavera. Durante este tiempo, además, la ministra de Trabajo se ha desmarcado por completo de los asuntos orgánicos de Unidas Podemos, centrándose en la acción gubernativa.

La actitud de Díaz genera «incertidumbre» en los morados, admiten fuentes del espacio. Aun así, voces cercanas a la dirección de Podemos evitan hablar de malestar para no tensar aún más la situación y reconocen que no hay un plan b al liderazgo de Díaz. «A Yolanda hay que dejarla trabajar y desplegar sus ideas, desarrollar su proyecto. Ella tiene que tener confianza por nuestra parte para despegarse, para trabajar en la hoja de ruta que ella defina», señaló Irene Montero este viernes en una entrevista en 20Minutos. Fuentes cercanas a Belarra reconocen que hay «diferencias» con la vicepresidenta, pero que siguen «todos a una» con ella.

Reuniones y coordinación

No obstante, Díaz no escapa de las críticas de ciertos sectores morados que denuncian que no está ejerciendo como líder de Unidas Podemos y que lleva meses sin convocar la mesa confederal de Unidas Podemos, en la que están representados los líderes de Podemos, IU y En Comú Podem. En su entorno dibujan un escenario completamente diferente y señalan que la vicepresidenta está en contacto permanente con los ministros de Unidas Podemos. En la última semana convocó a todos los miembros morados en el Ejecutivo para analizar la situación en Ucrania.

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La sensación, compartida por la gran mayoría de los actores de Unidas Podemos, es que las desavenencias internas, aunque no amenazan con romper nada, volvieron a situar al partido en el foco mediático el día en que Sánchez cambió de parecer y anunció el envío directo de armas.

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