Las recetas de la AIE para reducir la dependencia del gas ruso

Las recetas de la AIE para reducir la dependencia del gas ruso

A falta de una semana para que la Comisión Europea revele su ‘hoja de ruta’ para reducir la dependencia del continente del gas ruso, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha dado luz a su propio recetario de medidas con las que, calcula, en un año Europa podría rebajar su dependencia en más de un tercio. Entre ellas, esta organización aboga por no firmar nuevos contratos de gas con Rusia, acelerar el despliegue de energía solar y eólica, establecer obligaciones mínimas de almacenamiento de gas e, incluso, pide a los consumidores bajar la calefacción. «Reducir el termostato un grado reduce el consumo de gas en unos 10.000 millones de metros cúbicos al año», ha asegurado su presidente, Fatith Birol, en la presentación de este decálogo de medidas, en presencia (digital) de la ministra francesa de energía, Barbara Pompili, y la comisaria de energía, Kadri Simson.

El reto es mayúsculo: En 2021, lUnión Europea importó 155.000 millones de metros cúbicos de gas natural de Rusia, lo que representa alrededor del 45% de las importaciones de gas que realiza y cerca del 40% de su consumo total de gas. Por tanto, la AIE calcula que se podrían ‘independizar’ unos 50.000 millones de metros cúbicos con sus medidas. Para hacerse una idea de lo monstruoso de la magnitud de esa cifra, España consume alrededor de 30 millones de metros cúbicos de gas natural al año y el actual gasoducto del Medgaz tiene capacidad para transportar un máximo de 8.000 millones de metros cúbicos anuales, en proceso de ampliación hasta los 10.000 millones, y el Magreb (ahora cerrado) tiene una capacidad máxima de 23.000 millones de metros cúbicos.

Así, de cara al próximo invierno, la AIE propone no firmar nuevos contratos con proveedores rusos (dice que a finales de 2022 finalizan contratos de importación de gas con Gazprom que cubren más de 15.000 millones de metros cúbicos, lo que equivale al 12% de suministros de esta compañía a Europa) y pide reemplazar 30.000 millones de metros cúbicos que proceden de Rusia de fuentes alternativas, bien con gas producido dentro de la Unión Europea o importado de otras zonas, como Noruega o Azerbayan; así como introducir obligaciones mínimas de almacenamiento. Esto último es algo que también valora instaurar la Comisión Europea dentro de la ‘tool box’ que publicará la próxima semana. Según la AIE lo adecuado sería tener los almacenamientos «al menos» al 90% de capacidad antes del 1 de octubre, que es cuando comienza la temporada de invierno.

Además, la organización de ministros de energía también aboga por acelerar el despliegue de nuevos proyectos eólicos y solares para alcanzar los 35 teravatios-hora nuevos(tanto la Comisión Europea como España han anunciado ya que presentarán medidas para acelerar la tramitación de los accesos de conexión a la red eléctrica, que actualmente se han convertido en un cuello de botella para la construcción de renovables) y maximizar la generación de energía a través de «bioenergía y nuclear». Estas dos medidas podrían reducir el uso de gas en 6.000 y 13.000 millones de metros cúbicos, respectivamente. En el caso de la nuclear, no se trata de nuevas instalaciones, sino que Birol ha hecho referencia, sobre todo, a cuatro reactores nucleares que estaba previsto desconectar este año y quizás «sea el momento de revisar esa decisión», ha dicho. En España, el cierre nuclear está previsto entre 2027 y 2035 y, como ha vuelto a recordar la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, este jueves en una entrevista en Radio Nacional, el debate de extender estas centrales no cuenta ni con el apoyo del Gobierno ni del sector empresarial.

También plantea la AIE promulgar «medidas fiscales» relacionadas con los «beneficios caídos del cielo» que reciben algunas centrales. Esta medida es similar a lo que ya está implantada en España, y que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció este miércoles que extendería durante todo el año 2022: un gravamen para que las centrales nucleares, hidráulicas y eólicas que hayan interiorizado el precio del gas devuelvan esas ganancias extraordinarias y, por tanto, se rebajen del precio de la factura. En el caso de España se desconoce todavía su recaudación, pues el Gobierno ‘salvó’ de pagar este impuesto a las grandes eléctricas a cambio de que mantuvieran precios bajos en sus contratos a plazo fijo y ellas aseguran que prácticamente todos sus contratos son así.

La organización también pide un esfuerzo a los consumidores, a quienes propone una mayor eficiencia con tres recetas: acelerar la sustitución de calderas de gas por bombas de calor, mejorar la eficiencia energética de los edificios –esta fue, de hecho, una de las medidas que ha anunciado Sánchez el miércoles para reducir el consumo de gas, en este caso, de los organismos públicos»– e, incluso, fomentar «una reducción temporal del termostato de un grado». Esta última es quizás la medida más polémica de todas, pero la AIE lo justifica como una forma más de solidarizarse con el pueblo ucraniano. «Muchos ciudadanos europeos ya han respondido a la invasión rusa de Ucrania en de varias maneras, a través de donaciones o, en algunos casos, ayudando directamente a los refugiados de Ucrania. Ajustar la calefacción en los edificios con calefacción de gas de Europa sería otra vía para la acción temporal, ahorrando cantidades considerables de energía», dice en su informe. Y añade: «Campañas de concientización pública y otras medidas como comentarios sobre el consumo u objetivos corporativos, podrían alentar estos cambios en viviendas y edificios comerciales».

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Por último, más con una visión de largo plazo, el organismo recuerda a los distintos estados miembros que deben buscar alternativas de flexibilidad para el sistema eléctrico. Cabe recordar que las renovables todavía necesitan una fuente de energía de respaldo, para cuando no hace sol ni viento, y en el caso de España, esta es el gas. La AIE aboga por más eficiencia, más electrificación y más almacenamiento, así como apostar por nuevas tecnologías como los biogases o el hidrógeno verde.

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