Las dos versiones de The Staircase

Las dos versiones de The Staircase

Las dos miniseries de Netflix y HBO intentan analizar de manera objetiva el proceso a Michael Peterson por la muerte de su esposa, ambas sugieren posibilidades distintas y de una manera sutil dictan sentencia sobre preguntas sin respuesta

Dos series distintas para contar los mismos hechos pero con enfoques muy diferentes. Tanto el The Staircase (o el caso de la escalera) de Netflix como el de HBO se enfrentan a su manera a una pregunta que aún hoy sigue abierta: ¿Mató el novelista Michael Peterson a su esposa Kathleen o ésta sufrió un accidente doméstico y cayó por las escaleras de su casa?

El proceso judicial por estos hechos tuvo una gran repercusión gracias al reportaje que en su día realizó el cineasta francés Jean-Xavier de Lestrade disponible en Netflix y que anticipó el éxito de las series true crime. El escritor dio en 2003 carta blanca a que las cámaras del realizador mostraran cómo él y su familia vivieron el juicio, las interioridades del proceso, las reuniones preparatorias de la defensa y las consecuencias que trajo el veredicto del jurado. El documental reunió una cantidad de material que abarcaba más de una década y que permitió al espectador meterse en las sesiones del juicio y conocer de primera mano a sus protagonistas.

Años después, HBO Maxvuelve a esos mismos hechos en una miniserie de ficción y que cuenta con el aliciente de poder ir más allá, al imaginar y recrear cómo era la vida de los Peterson antes y después del crimen, así como las circunstancias en las que se rodó el documental.

En esta nueva versión dramatizada, la acción va hacia delante y hacia detrás en el tiempo, donde las escenas forman un complejo puzzle narrativo. El objetivo es que el espectador vaya completando el dibujo al mezclar las piezas que le van dando a través de flashbacks y flashforwards. Todo ello arropado por un reparto de lujo encabezado por Colin Firth y Toni Collette que interpretan a Michael y a Kathleen. Una de las ventajas de la ficción es que nos permite contar con un personaje que faltaba en el documental por motivos obvios: el de la esposa asesinada. También los documentalistas dejan de ser unos testigos anónimos de los hechos y se convierten en otro personaje más en la trama.

Al verdadero Michael Peterson no le ha gustado nada la recreación que de su caso ha hecho la versión filmada por Pedro Campos para HBO. Algo que ya nos debería dar la pista de que su personaje no sale muy bien parado en la ficción. El escritor considera que se han tomado demasiadas libertades con determinados aspectos de su vida privada. Tampoco podemos incluir entre sus fans al propio Lestrade, quien colaboró con el creador de esta versión dándole acceso a todo el material grabado para el documental. El realizador agraviado asegura que la miniserie cuestiona su objetividad a la hora de montar su trabajo.

Pero es que realmente hay dos cosas que conviene no perder de vista. A lo largo de los trece episodios del documental poco a poco va calando la idea de que Michael Peterson fue una víctima del mal funcionamiento de la Justicia norteamericana. Más que nada porque es algo que repiten constantemente tanto Peterson como su abogado mientras hablan a cámara. Y la segunda cosa que nos pone delante la serie de HBO es que Peterson tuvo después una relación sentimental con la montadora del documental, Sophie Brunet, un dato que tampoco puede ser considerado como anecdótico por mucho que ella insista en que eso no afectó a su objetividad en ningún momento. Por cierto, que en la versión de HBO el personaje está interpretado por Juliette Binoche. En los ocho episodios de la serie de HBO, en algún momento, llegan a olvidarse de la teoría del accidente y dan por hecho que lo de Kathleen es un asesinato. Antes meten por ahí la exótica tesis del ataque de un búho que resulta no ser tan descabellada como podría parecer.

Los hechos se produjeron la noche del 9 de diciembre de 2001. Michael Peterson llamaba a Emergencias alertando de que su mujer se había caído por las escaleras y se encontraba malherida. La dantesca escena pronto convenció a los investigadores de que no estaban ante un accidente doméstico, sino en el escenario de un crimen. Se iniciaría un caso judicial que sigue generando debates y teorías, plagado de giros inesperados que, en caso de verlos en una serie de ficción, estaríamos tentados de decir eso de: «esto no es creíble». Atentos que vienen spoilers. Entre esos giros tenemos la división de la familia entre los partidarios de la inocencia y la culpabilidad de Michael. Y es que la familia Peterson es un tanto peculiar, ya que la pareja contaba con una amplia descendencia que procedía de distintas parejas del escritor.

Al frente de la acusación tenemos a una Fiscalía lejos de ser imparcial y demasiado obsesionada en encarcelar como sea a un escritor que había sido crítico con ellos en la prensa local. Los acusadores llegaron a utilizar la bisexualidad del acusado y sus tendencias homosexuales como prueba de que su matrimonio no era tan perfecto como pretendía hacer ver al jurado. Otra de las guindas de la trama es el hecho de que años atrás, una mujer anterior del sospechoso murió en Alemania también como consecuencia también de una caída por las escaleras. Algo que en cualquier obra de ficción siempre hace saltar todas las alarmas del espectador más veterano.

Un informe pericial sobre la trayectoria de las manchas de sangre al pie de la escalera fue la prueba determinante que llevó al jurado a declarar culpable a Michael Peterson en el primer juicio. Los poco ortodoxos métodos de este perito, muy alejados de la objetividad científica que requieren este tipo de pruebas determinaron que este proceso se anulara y se tuviera que celebrar otra vista oral. Finalmente, el acusado llegó a un pacto con la Fiscalía, a través de una figura que en Estados Unidos se conoce como la declaración Alford, por la que un procesado puede reconocer que la acusación tiene pruebas para condenarle al tiempo que se reafirma en su inocencia. Una declaración de culpabilidad que le evitó la prisión.

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Serie y documental pretenden contar de una manera imparcial y objetiva cuáles fueron las claves de un caso que sigue plagado de interrogantes a día de hoy y sobre los que no existen respuesta, aunque a su modo y de una manera muy sutil sí que se permiten dictar sentencia. Ninguna de las dos responde abiertamente a la pregunta de si Michael Peterson es culpable o inocente, pero sugieren la respuesta al espectador. La serie acaba con una enigmática sonrisa del personaje de Colin Firth mirando a cámara que nos deja abiertas todas las especulaciones. ¿Es la manera de decir que es culpable y se ha librado? O que, tras recordar cómo su personaje no ha dudado en recurrir a la mentira en otras ocasiones a lo largo de su vida para lograr sus objetivos, ¿ha mentido nuevamente al acogerse a la declaración Alford? Para el director, la sonrisa de Firth es como la de Mona Lisa, por la que es culpable e inocente al mismo tiempo.