Las ballenas se recuperan: más de 100 ejemplares avistados en la Antártida

Las ballenas se recuperan: más de 100 ejemplares avistados en la Antártida

Tras la prohibición mundial de su caza comercial, hace 36 años, las poblaciones de estos cetáceos aumentan

Sucesivas observaciones en 2018 y 2019 han revelado una fuerte recuperación de ballenas en la Antártida y podrían ser indicativas de una esperanzadora tendencia. En 1986 se prohibió la caza mundial de estos cetáceos, lo que ha conseguido frenar la drástica recuperación de sus poblaciones.

En marzo de 2018 la bióloga del Instituto Alfred Wegener, Bettina Meyer, se topó con una escena que la dejó fascinada. “Nunca antes había visto tantas ballenas en un mismo lugar”, relata la bióloga. Se encontraba en la cubierta de un rompehielos en el que estaba recorriendo las aguas de la Península Antártica para estudiar los efectos del cambio climático. De pronto, sus ojos vieron algo inusual: un centenar de rorcuales se habían reunido en el mismo sitio para comer.

“Corrí directamente a nuestro monitor, que utiliza métodos de medición acústicos para mostrar la presencia y el tamaño de los enjambres de krill en el agua”, rememora Meyer. Estaban cerca de la Isla Elefante. De la nada aparecieron 50 ballenas de aleta austral y pocos minutos después, otras 70 en el mismo lugar. Según los datos que mostraba el instrumento, “había enjambres” de krill en el agua. “Pudimos incluso ver cómo los comían las ballenas”, recuerda.

Enjambre de rorcuales en la Antártidas, a vista de dron | BBC

El krill antártico, de hasta seis centímetros de largo, constituye la base de la red alimentaria de esta zona del mundo. Está formado por pequeños crustáceos bioluminiscentes, que son una fuente de alimento principal para peces, pingüinos, focas y ballenas.

En el caso de las ballenas, el consumo de krill no solo las beneficia a ellas, sino que repercute en el propio ecosistema. Y es que los excrementos de estos cetáceos fertilizan el océano. Los nutrientes que contienen –como el hierro– son esenciales para el crecimiento del fitoplancton (microalgas) y, a su vez, el fitoplancton es una fuente de alimento para el krill.

En el horizonte, grupo de rorcuales expulsando agua | BBC

Aquella escena de la que Meyer fue testigo, podría ser una señal de la recuperación que están teniendo estos cetáceos que, durante décadas, han sido perseguidos y cazados. “Que la población de ballenas crezca permite aumentar la productividad del Océano Austral, dado que depositan más nutrientes”, explica Meyer. En poco tiempo, esto favorece el crecimiento de las algas, que además son un aliado contra el calentamiento global. “Absorben el dióxido de carbono de la atmósfera a través de la fotosíntesis, reduciendo la concentración de CO2 atmosférico”, insiste Bettina Meyer.

La recuperación de las poblaciones de rorcuales parece ser una tendencia: un año después de la expedición Polarstern, el equipo de investigación de ballenas y la BBC regresaron a la Isla Elefante y observaron hasta 150 animales. “Aunque todavía no sepamos el número total de rorcuales comunes en la Antártida, debido a la falta de observaciones simultáneas, esto podría ser una buena señal de que, casi 40 años después de la prohibición de la caza comercial de ballenas, la población de rorcuales comunes en la Antártida se está recuperando”, insiste Bettina Meyer.

Estudio de referencia: https://www.nature.com/articles/s41598-022-13798-7

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