La sigilosa y creciente tensión entre PSOE y Podemos que la guerra del PP ha desenfocado

La sigilosa y creciente tensión entre PSOE y Podemos que la guerra del PP ha desenfocado

Este jueves, a las 13.30 horas, coincidieron tuits y teletipos que destacaban la descoordinación en las votaciones que protagonizaron PSOE y Unidas Podemos en el pleno del Congreso con un comunicado del grupo socialista sobre una imprevista reunión entre su portavoz, Héctor Gómez, y el de los «morados, Pablo Echenique. De modo casual, salía a la luz la tensión en aumento que ha marcado la relación entre los partidos que sustentan al Gobierno. Sin embargo, de manera nada casual, PSOE y Unidas Podemos transmitían su intención de acabar con esta escalada.

La crisis interna del PP que ha dinamitado la dirección de Pablo Casado ha desenfocado un despecho mutuo que no ha parado de crecer desde que se aprobó el decreto de la reforma laboral, a finales del año pasado. Remontarse a entonces evidencia una cierta fortuna mediática de socialistas y «morados». La evolución de las conversaciones con la oposición para salvar el citado decreto se fue enfangando tanto que al final las tiranteces entre los dos partidos quedaron escoradas. Los cruces de declaraciones de Gabriel Rufián y Yolanda Díaz, por un lado; la presión negociadora del PNV, por otro; y la irrupción de Ciudadanos como actor salvador, por último, contribuyeron a tapar las susceptibilidades creadas en el seno de la coalición.

Avalado el decreto de la reforma laboral por un «milagro», el error del diputado del PP Alberto Casero tras la desobediencia de los dos representantes de UPN, la escena política se enredó en la polémica precisamente derivada de ese error. La reacción del Partido Popular fue tan airada, con acusaciones de «pucherazo» incluidas, que apenas nadie reparó en las grietas abiertas entre los socios de gobierno y sus grupos parlamentarios y los roces provocados por la forma tan trastabillada con que desarrollaron las negociaciones.

Acto seguido, se celebraron las elecciones de Castilla y León, y apenas los partidos estaban digiriendo los resultados cuando un supuesto caso de espionaje interno a Isabel Díaz Ayuso desencadenó una reacción dentro del PP tan feroz que ha terminado por apear a Teodoro García Egea del puesto de secretario general, y justo después, a Pablo Casado del liderazgo.

Y así, apenas ha llamado la atención que en el pleno de esta semana ha habido una serie de votaciones en las que PSOE y Unidas Podemos han ido por libre, que una propuesta estrella de los «morados», la creación de una empresa pública eléctrica, ha sido rechazada en gran medida por la negativa socialista; y que se mantienen las discrepancias acerca de cómo investigar los abusos a menores en la Iglesia y respecto de un nuevo modelo fiscal. Son cuatro ejemplos, pero hay más, y de fondo, un malestar político. Eso es lo que Gómez y Echenique han intentado aplacar con una reunión de la que sólo informaron cuando terminó.

La aparente debilidad del grupo de UP

Fuentes parlamentarias al tanto de la relación entre los grupos del PSOE y Unidas Podemos reconocen, en declaraciones a El Periódico de España, medio que pertenece al mismo grupo editorial que este diario, que desde hace tiempo perciben un intento de los «morados» por desmarcarse, y con ello, tensionar. Dirigentes de la formación que antes lideró Pablo Iglesias apuntaron a comienzos de año que había llegado el momento de realzar el perfil propio. Que hay diferencias entre los socios de coalición no es novedad, más bien se dan por hechas y hasta ambas partes cuentan con que colisionen. Lo que resulta inesperado es la pretensión por tensar la cuerda más de lo recomendable, exactamente lo que perciben las fuentes consultadas desde hace unas semanas.

Sin embargo, en Unidas Podemos una fuente rebaja la contrariedad. «La divergencia es la pauta normal desde que empezó la legislatura», apunta. Una retrospectiva rápida no le quita razón. En varias ocasiones, en varias ruedas de prensa, Echenique ha explicado que hay una serie de ámbitos que separan a los partidos del Gobierno. Se vio, por recordar un ejemplo, con las peticiones de investigación parlamentaria sobre la fortuna del rey emérito, que no han cuajado a pesar de ser numerosas. Más reciente es el conflicto institucional que provocó la condena al diputado Alberto Rodríguez por parte del Tribunal Supremo. La presidenta del Congreso, Meritxell Batet, confirmó que había de dejar el escaño. Unidas Podemos empleó un tono crítico en exceso, con acusaciones directas a la propia Batet. En el PSOE estaban perplejos.

La perplejidad es una sensación que resume bien el enfoque desde el que la dirección socialista del Congreso contempla la relación con Unidas Podemos. Hubo perplejidad cuando se sucedieron las negociaciones sobre la reforma laboral. Mientras Díaz capitalizaba todo el proceso, los socialistas, en especial Félix Bolaños y Héctor Gómez, buceaban por la predisposición de los partidos pequeños y de Ciudadanos sin que en ningún momento se encontraran, en el mismo sector, a un diputado de Unidas Podemos.

Yolanda Díaz y Félix Bolaños. | EPE

El lugar esquinado al que se vio relegada la dirección parlamentaria de los «morados» llamó la atención de la propia bancada. «No hemos existido en todo el proceso», recalca una fuente. La ministra de Trabajo tuvo reuniones con el presidente de la Comisión parlamentaria correspondiente, Antón Gómez Reino, y con las portavoces de Unidas en dicho órgano. Su gabinete distribuyó documentación e información tanto a los demás ministerios del partido como a la dirección de la organización. No hubo mucho más. El papel del grupo en todo el proceso de la reforma estuvo tremendamente desdibujado. Un diputado conocedor de las conversaciones sobre la reforma laboral es gráfico al respecto: «Como grupo, no tiene músculo».

Fiscalidad y electricidad

En el PSOE hay diputados y diputadas que se quejan de que Unidas, como grupo, actúe a veces como si no estuviera en el Gobierno. ¿Tiene sentido, por ejemplo, que pidan mediante proposición de ley la creación de una empresa pública eléctrica? ¿Tiene sentido que lleven al Congreso un debate sobre fiscalidad cuando saben que el Ministerio de Hacienda supervisa ese proceso y está a la espera de presentar las recomendaciones de un grupo de expertos? Para los socialistas, no tiene sentido.

Posicionamientos así han puesto de manifiesto cierta soledad en el grupo socialista. Por regla general, ERC, EH Bildu, Más País, Compromís o BNG se alían con los «morados» en debates en los que sobresale un componente ideológico más recalcitrante. El PSOE, pragmático, se termina alineando con el PP, Cs, y en ocasiones el PNV. Sabe la dirección parlamentaria que se alimenta así una condición de «partido moderado» que a veces le resulta contraproducente. La presión de la izquierda se vuelve más voraz, tal y como pudo comprobarse con la reforma laboral. Molesta esto en ciertos sectores socialistas, convencidos de que las reformas emprendidas se caracterizan ante todo por ser progresistas.

PSOE y Unidas Podemos, por tanto, conviven con la polémica. Para unas fuentes, se trata de algo «normal» que, además, durará toda la legislatura. «Este es un Gobierno estable», proclamó el presidente, Pedro Sánchez, el miércoles pasado en el Congreso, antes de ver cómo Pablo Casado abandonaba el escaño y el hemiciclo. Para otras fuentes, sin embargo, la tensión de las últimas semanas no es normal.

Pudo verse en la proposición de ley sobre la empresa pública eléctrica, que fue rechazada porque los 58 votos a favor, entre ellos los de Unidas, quedaron muy lejos de los 275 en contra, incluidos los del PSOE. Pude verse en la proposición de ley para reformar el Tribunal de Cuentas: sus 71 síes apenas inquietaron a los 265 noes. Entre los primeros, Unidas; entre los segundos, el PSOE. Y pudo verse el jueves pasado: votaron por separado al menos en dos proposiciones no de ley.

«Son semanas de tira y afloja por la agenda parlamentaria», enfatiza un diputado antes de incidir, no obstante, en que la situación no es anómala. Hasta en esto discrepan las fuentes de ambos grupos.

Gómez y Echenique, según señala el comunicado del PSOE, hablaron sobre la Ley Mordaza, la Ley de Vivienda y la Ley del ‘solo sí es sí’. Son las tres más importantes que tienen entre manos. Fallar aquí puede resultar un golpe político duro.

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Por ello, el comunicado acaba así: la reunión «se ha cerrado con el compromiso de consolidar la coordinación entre ambos grupos parlamentarios (…)».

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