La Policía concluye que Vera y Cayetana no habrían muerto si el castillo de Mislata hubiese estado atado por sus 30 anclajes

La Policía concluye que Vera y Cayetana no habrían muerto si el castillo de Mislata hubiese estado atado por sus 30 anclajes

La seguridad del castillo hinchable que voló por los aires en la Feria de Navidad de Mislata el pasado 4 de enero, causando la muerte de Vera, de 4 años, y de Cayetana, de 8, y heridas a varios niños más, está cada vez más en entredicho conforme avanza la investigación del grupo de Homicidios de la Policía Nacional. En el segundo atestado entregado a la jueza, del que hoy ha revelado Levante-EMV, diario que pertenece al mismo grupo que este periódico, todas las anomalías detectadas en esa atracción y en el resto del recinto ferial, los agentes de Homicidios incluyen un exhaustivo informe sobre el castillo, sus instrucciones, los materiales de construcción y, sobre todo, los puntos de anclaje que dejan temblando la declaración del feriante y de su ingeniero particular.

Así, el dueño de la fábrica que creó el Humor Amarillo La Selva y su ingeniero explican a los agentes de Homicidios que esa instalación en concreto viene dotada con 30 puntos de anclaje, consistentes en 30 argollas con cinchas específicas para soportar los pesos necesarios. El cálculo de puntos de anclaje, matizan, se realiza de manera sobredimensionada, concretamente en un 177,77 % respecto de la seguridad tope que exigiría la ley y el sentido común, precisamente para garantizar situaciones climáticas anómalas como la que se produjo aquella tarde, con rachas de viento que Aemet cifra en más de 74 kilómetros por hora.

Como recuerda el grupo de Homicidios a partir de la primera entrevista mantenida con el fabricante, este ya les dijo telefónicamente que, obviamente, todos los puntos de amarre eran necesarios, dado que si no, no se le pondrían a la atracción.

Así las cosas, los dos testigos explican que una vez se ha calculado el número de argollas necesarias para anclar el castillo de manera correcta, es decir, distribuyéndolos a lo largo de todo su perímetro, se le agrega un 10 % extra. Luego, hay un segundo incremento que se produce por redondeo, es decir, si se estima que precisa 15,7 puntos de anclaje, se le colocarán 16 o incluso 17. Y, por último, se le aplica un tercer factor corrección hasta alcanzar una seguridad del 177,77 %, es decir, se le añaden casi un 80 % más de puntos de anclaje.

Tanto el dueño del castillo como el ingeniero contratado por este para certificar la instalación dijeron que la atracción estaba atada con seis puntos de anclaje (15 testigos afirman que, al menor por uno de los laterales, no había ningún tipo de atadura).

Aunque así hubiese sido, esos 6 anclajes suponen una tercera parte (36 %) de la seguridad mínima indispensable para ese hinchable concreto, que serían 17 puntos de amarre, es decir, un 100 % sobre la seguridad estimada por el fabricante. Pero, si el cálculo es sobre la seguridad que ellos garantizan, esto es, con el factor de corrección de un 177,77 % (los 30 puntos de anclaje de fábrica), los seis que feriante e ingeniero afirman que estaban colocadas supondría una quinta parte de la sujeción aconsejada por el fabricante. Sin embargo, eso no se recoge en el informe del ingeniero que certificó la instalación para la Feria de Navidad.

La fuerza del viento

Aún así, el fabricante deja claro en el libro de instrucciones que acompaña como documentación al castillo -el siniestrado, concretamente, fue vendido en noviembre de 2017, en Induferia, en Valencia- que nunca debe ponerse en marcha la instalación con vientos que superen los 30 kilómetros por hora, aunque, si se instala con las directrices de fábrica «permite más que una disposición segura frente al viento no solo de 30 km/h, sino incluso significativamente más elevados». Y más adelante matizan que esa sobredimensión del 177,77 % puede hacer frente a vientos de hasta 40 km/h.

Además, aclaran que la seguridad no solo la dan, obviamente, los amarres, sino todo el sistema de instalación. Esos anclajes «van sujetos a una lona de PVC con trama de políéster mediante un hilo de náilon de poliéster multifilamento trenzado con múltiples pasadas. Esos amarres», explican, «están preparados para soportar una fuerza de 163 kilos«.

Además, «las cintas de amarre que ellos utilizan soportan unos 2.500 kilos», y las anillas de acero utilizadas en el interior de dicha cinta «están soldadas y tienen la capacidad de soportar una fuerza de 800 kilos».

Agregan, a preguntas de la Policía, que la atracción puede ser anclada al suelo, cuando es de tierra -en la plaza de la Libertad había ubicaciones que habrían permitido hacerlo así, pero fue situada sobre zona de baldosas- o adoquinada. En este segundo caso, cuando no se puede perforar el suelo, se contempla la fijación con contrapesos que pueden soportar esos 160 kilos de fuerza cada uno de ellos, siempre y cuando el ángulo respecto al suelo esté entre 30 y 45 grados, «evitando en lo posible el paralelo y nunca en sentido inverso». Aconsejan también que la cincha que se amarre a un punto fijo (árboles, bancos, pilares…) sea demasiado larga para evitar «que coja viento por debajo».

En definitiva, la seguridad del hinchable viene dada por todo el sistema de sujeción y por los anclajes que, cualquier fabricante «con una mínima cualificación técnica» estima con una regla práctica: «La superficie efectiva enfrentada al viento (de velocidad hasta 40 km/h) de un hinchable soportada por un anclaje debidamente dispuesto no debe exceder los 9,3 m2″. Y el número de anclajes obtenido se incrementa en un 77,77 % más. Como dijo el fabricante en su primera entrevista con Homicidios, si la instalación estuviese asegurada de esa manera, la racha habría arrancado la lona, pero jamás habría volado el castillo.

La Policía coteja si se han alterado los elementos de seguridad

Por todo ello, Homicidios concluye que, de haberse puesto en marcha la instalación siguiendo las directrices de su fabricante, con los 30 puntos de anclaje asegurados correctamente, el castillo no se habría volado aunque posiblemente se hubiese roto, los nueve niños que jugaban en su interior no habrían salido despedidos y, «consecuentemente, se podría haber evitado el fallecimiento de Cayetana y de Vera«.

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Los agentes no solo tomaron declaración en Illescas (Toledo), donde se encuentra la fábrica, al fabricante y al ingeniero de la industria, sino que, además, se trajeron consigo muestras de todos los elementos de seguridad de ese castillo concreto -un trozo de material del PVC que utilizan para estas atracciones, otro de la cincha de color azul que envuelve la anilla de agarre y una argolla de acero de las que ellos utilizan en cada punto de anclaje-, que ahora serán cotejadas con las que tiene y utilizaba la instalación siniestrada, que está en una nave en depósito judicial a disposición de la investigación, para comprobar si eran los de fábrica o si alguno de ellos -o todos- había sido sustituido por otros de inferior calidad que rompía la garantía inicial de seguridad.

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