En busca de Lucía, de 78 años y enferma de Alzhéimer

En busca de Lucía, de 78 años y enferma de Alzhéimer

Sábado, cuatro de la tarde. Todo está tranquilo en la pedanía turrera de Royo Morera (Almería). Lucía, con 78 años, regresa a casa tras una fugaz visita a su hermana. Un camino fácil, nada escarpado. La distancia: mínima; apenas 150 metros, tres minutos andando. A plena luz del día, en un área de 33 habitantes, se perdió su rastro. Han buscado, batido y rastreado. Lo llevan haciendo cinco años.

Beatriz, su hija, no descansa. Tampoco Lucía (hija), su hermana. Desde el 22 de octubre de 2016 luchan por encontrar a su madre, la mujer de 78 años desaparecida.

«Bueno, es una persona mayor, se habrá desorientado… No hay frase que más duela», lamenta Beatriz. «Se me encoge el corazón cuando lo dicen. ¿A esa edad ya no valen nada? Es mi madre y no voy a dejar de buscarla».

Desde el inicio, la hipótesis más plausible fue que Lucía pudo desorientarse, despistarse, perderse, tenía principio de Alzhéimer. A ello se agarraron. La encontrarían pronto… Su hija lleva cinco años recorriendo la misma ruta que hizo su madre, pero nada conduce a ella. «Ni ropa, ni calzado… nada. Hemos encontrado muchas cosas, pero de ella nada«. El tiempo hiere y su familia ya nada descarta.

Foto de Lucía García, compartida por la familia. | CASO ABIERTO

No volvió a casa

22 de octubre de 2016. Sábado. 16:00 horas. Los vecinos de Royo Morera están de sobremesa. Lucía, inquieta, «puro nervio», sale de casa. Nunca le han gustado las siestas.

«Mi padre estaba sentado en la puerta y vio salir a mi madre: ‘¿dónde vas?’. Ella le contestó que iba a dar una vuelta». Lucía se encaminó a casa de su hermana. Dos o tres minutos andando, «lo midieron», cuenta Beatriz, «son unos 150 metros».

La visita fue corta, unos cuatro o cinco minutos. «No estaba nunca mucho más, no quería dejar solo a mi padre». Preguntó cuándo iban al pueblo, quería ir al banco para ver si había cobrado la pensión. «En unos días», le respondió su hermana. No notó nada extraño.

«Mi tía, desde la puerta, vio cómo salió y cómo iba hacia su casa. A los cien metros, entre su casa y la de mi madre hay un muro que corta la vista, no se ven los últimos 50 metros. Según pasó el muro se perdió su pista«.

Lucía García, en fotos compartidas por sus hijas. |

Cunetas y caminos

«Habían pasado quince minutos desde que mi madre se va y me encontré a mi tía. Le dije que iba a casa de mi madre porque la tenía que duchar. Ella me contestó que se acababa de ir», recuerda Beatriz.

Arrancó la primera búsqueda. Improvisada, sin sospecha, sin miedo. «Dije: lo mismo se ha entretenido por algún sitio«. Beatriz no encontró a su madre. «Había unos pastores, les pregunté, nadie la había visto».

«Era muy miedosa y nunca iba por caminos difíciles, pero pensé igual ha salido andando y está por aquí, no sé, por el camino de tierra».

La Guardia Civil llegó pronto. La primera batida, oficial -con expertos- empezó de inmediato. Se rastreó, barrió y batió palmo a palmo. Había pasado escasa media hora desde que desapareció la mujer. Se miraron cunetas, caminos y sendas cercanos.

Lucía celebrando su 78 cumpleaños. |

Lucía podía necesitar ayuda, haberse perdido o haber tenido un accidente. Con Alzhéimer incipiente, «olvidaba algunas cosas, pero nunca se había desorientado», recuerda Beatriz. La investigación apuntó a la posibilidad de que la enfermedad, traicionera, esa tarde hubiera mostrado su peor cara. «Me dijeron: no te preocupes, a tu madre la vamos encontrar aquí y pronto».

Helicópteros, voluntarios, investigadores, familiares, expertos, batieron el terreno palmo a palmo. Han pasado cinco años y no hay rastro de Lucía. Los perros de rastreo marcaron hasta el muro, en este se pararon.

Un radio de 4 o 5 kilómetros

No hay norma, pero ocurre de forma recurrente, la gran mayoría de mayores desaparecidos con deterioro cognitivo se localizan en un radio 4 o 5 kilómetros de su residencia. En el caso de Lucía están batidos, minuciosamente rastreados.

El tiempo pasa, la búsqueda se congela. «Hace dos años que no tenemos contacto con los investigadores, creo que está todo parado». Beatriz recuerda las últimas conversaciones con los agentes: «al principio confiaban en encontrarla. Será pronto, será aquí…», después, el discurso cambió, «es posible que no esté aquí. Que un coche la atropellara…«. La hija de Lucía se pregunta: ¿y si eso es cierto? ¿Y si alguien se la llevó o la atropelló y se asustó?».

Repasa una y otra vez los pasos que dio aquella tarde, dibuja opciones. «Yo pienso que mi madre en tan poco tiempo andando no podía avanzar tanto. Un coche, a lo mejor, en poco tiempo te aleja más. En 20 minutos yo ya la estaba buscando».

Fuerte, trabajadora, luchadora. Salió de casa, contenta, con energía y su vestido estampado azul. Con su sonrisa, sus fuertes manos. Se forjó en el campo, en la almendra, el trigo, la aceituna. Era su mundo, su vida. También los animales y la costura. «Se ponía en su máquina, que la tenía en la puerta, y siempre estaba haciendo cosas para ella, para nosotros…«, recuerda Beatriz. «El mismo día que desaparece había estado dando de comer a los pollos, tenía una granja».

Primer cartel compartido por la familia, horas después de desaparecer Lucía. |

La duda, y la ausencia, son demoledoras. «Me dicen: una persona mayor, ¿para qué se la van a llevar? Pero hace nada hemos sabido que han violado a una mujer de 95 años en su misma casa, que han tenido que hacerle una operación y todo. Mi madre tenía 78 años».

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La búsqueda de su familia no cesa. Ella no aparece. Su Alzheimer pudo hacerla desorientarse, olvidar. El grito es que nadie la olvide a ella.

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