El flato de Mas en el Galibier y el ángel de Colorado

El flato de Mas en el Galibier y el ángel de Colorado

El líder del Movistar se reencontró a sí mismo tras la crisis sufrida el miércoles en la primera etapa alpina

Sepp Kuss, un estadounidense que vive en Andorra, se convirtió en el hombre clave del conjunto Jumbo

Subir a Alpe d’Huez en bici con 27 grados no es tarea fácil, más cuando un pasillo humano que se alarga a lo largo de 13,8 kilómetros impide que pase la brisa alpina, sobre todo en las 21 curvas que ahora se ocupan por nacionalidades: en una están los seguidores del Eintracht de Frankfurt, que se mueven por medio mundo, en la otra, la más famosa, los neerlandeses, pero este año también han tenido su viraje los daneses y los noruegos. Y en todas partes corre la cerveza más rápida de la botella a la boca que la velocidad de Jonas Vingegaard para subir a la cumbre: 39,06 minutos tardó.

Y entre los buenos asciende Enric Mas. Le cuesta responder rápido a los demarrajes de Tadej Pogacar, pero sube a Alpe d’Huez tras reencontrarse a sí mismo y para demostrar que la enorme crisis en el Galibier fue solo pasajera. No ganará el Tour -tampoco ha venido aquí para eso- pero le aguarda ser protagonista entre las figuras de la carrera, en un lugar del que nunca debió desaparecer. Fue un dolor a la altura del hígado, unos pinchazos horribles, un ataque de flato, que lo dejó fuera de combate en el Galibier, el miércoles, cuando se estaba jugando el Tour. «Fue una putada tan grande para la afición española como para mí». Y suerte tuvo de tener a Carlos Verona a su lado para convertirse en su ángel salvador y por lo menos acabar entre los 15 primeros. «Estoy muy contento porque he devuelto la confianza al equipo y a mí».

Pero si ayer hubo uno ángel de la guarda en carrera fue un estadounidense de Colorado, que se llama Sepp Kuss y que corrió la primera semana del Tour a su bola, porque el Jumbo no lo quería desgastar para que ejerciera de escalador y para que dejase a Vingegaard, cuando no decidiera atacar, hasta la misma alma de la meta de Alpe d’Huez.

De Andorra a Girona

Kuss es un gran escalador que vive en Andorra y que se homenajeó a sí mismo el año pasado cuando ganó la etapa pirenaica del Tour que acabó en el pequeño país pirenaico. Es habitual verlo exprimiéndose subiendo Envalira, muchas veces con su compañero neerlandés Robert Gesink, establecido en El Tarter y con sus hijos apuntados a la escuela andorrana.

Kuss, como anécdota, hasta habla un poco de catalán y es porque su novia vive en Girona. Ni corto ni perezoso muchos días, para aprovechar los entrenamientos, cogía la bici en Andorra y se iba hasta tierras gerundenses, vamos un paseo.

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Ahora se ha convertido en el último protector de Vingegaard, y así se le verá en los Pirineos. Y lo hará por delante de Primoz Roglic y de un Steven Kruijswijk, que jamás se entregan en un equipo que quiere tenerlo todo bajo control.