Corró, mallorquín de paso efímero

Corró, mallorquín de paso efímero

Aterrizó en el Barça en 1944 y jugó de central o mediocentro. Futbolista de lucha, temperamental. No se adaptó

Su fichaje fue muy comentado en su momento por la ficha que recibió: 200.000 pesetas

Manuel Antonio Esteve Corró nació el 28 de diciembre de 1919 en Esporles (Mallorca). Hizo sus primeras armas futbolísticas en Inca, donde fue trasladado su padre, perteneciente al cuerpo de carabineros, en 1924. Los inicios fueron con el Infantil y Juvenil del Constancia, llegando al primer equipo en 1936, con solo 16 años, por estar la mayoría de los jugadores del primer equipo en el frente. Cuando cumplió los 18 fue llamado a filas y vio cortada momentáneamente su progresión. El joven Corró, que triunfó con el apellido materno, como explicó él mismo en junio de 1996 en ‘L’Estel de Mallorca’, fue destinado a Huesca para pasar posteriormente por Teruel. Finalizado el conflicto bélico, estuvo en Calatayud, licenciándose en Logroño tras el fallecimiento de su padre. Volvió a Inca para seguir jugando y trabajando de zapatero.

En marzo de 1944 el Barça se desplazó a Mallorca para fichar a Corró, entonces ya un jugador del que se hablaba por su potente despliegue físico como mediocentro, aunque al equipo no le urgía un jugador de sus características. Se desplazaron a la isla los directivos Joaquín Labuena, futuro presidente del Condal en 1957, y José Casanovas, empresario del sector textil y hostelero. Ambos ataron a Corró, que percibió 200.000 pesetas y firmó en blanco. El Barça cerró la operación con la cesión de Galvany y Rosalén. Este último se sumó después de la negativa de Sans, a quien no interesó el cambio ni las condiciones económicas. Los directivos barcelonista, además, regresaron con dos amistosos cerrados (Mallorca y Constancia) a cambio de 45.000 pesetas si llevaban al primer equipo.

El Barça se adelantó al Real Madrid, equipo que también se interesó por sus servicios unos meses antes y, sin firmar nada, le adelantó 25.000 pesetas, pero la directiva del Constancia, a petición del jugador, negoció con el Barça. La honradez de Corró lo llevó a devolver el dinero recibido del conjunto madrileño, que no lo aceptó. Fue entonces cuando el futbolista lo entregó a la Federación Catalana para que obrara en consecuencia.

Corró, sin embargo, no triunfó en el Barça. Llegó para jugar la Copa 1943-44 y lo hizo, precisamente, enfrentándose al Constancia. Pepe Nogués lo alineó en defensa y no en su posición natural, donde había una encarnizada competencia: Balmanya, Raich, Elías, Curta

Invisible

El nuevo entrenador del equipo la temporada siguiente, Pepe Samitier (1944-45), apenas contó con él y solo lo alineó en un partido de Copa, contra el Athletic (1-2) en Les Corts el 11 de febrero de 1945. Tuvo claro que tenía que cambiar de aires pese a proclamarse campeón de Liga, aunque viendo todos los partidos desde la grada. En Barcelona se alojó en el domicilio de unos familiares que eran de Caimari y eran propietarios de la Pastelería Mallorquina.

Fue cedido al Constancia (1945-46), Hércules (1946-47), de Segunda División, para seguir otro ejercicio lejos de Les Corts y también en calidad de cedido, ahora en las filas del Nàstic (1947-48), en Primera. En Tarragona coincidió con Pepe Nogués en el banquillo y, por contrato, no pudo enfrentarse al equipo barcelonista. Siguió otro curso en las mismas condiciones (1948-49) para regresar al Barça la temporada 1949-50. Fue entonces cuando jugó más: 18 partidos. El técnico, Enrique Fernández, lo alineó como centrocampista y como defensa y Corró, con 29 años, vivió su mejor etapa azulgrana junto a Gonzalvo II y Calvet, Seguer o Aretio. 

Corró no siguió en el Barça (le dieron la baja) y regresó al Nàstic (1950-51), donde una lesión en la columna vertebral, a inicios de temporada, lo dejó 18 meses en el dique seco. Regresó a su Mallorca natal fichar por el Atlético Baleares (1952-53) y para colgar las botas en el Constancia (1953-54), equipo con el que jugó y ayudó a Esteban Plattkó, el hermano del barcelonista Ferenc Plattkó, en labores técnicas.

Después se dedicó al negocio de la construcción en Inca, aunque nunca se alejó del fútbol. Se sacó el título regional en 1956 y dirigió, entre otros equipos, al Poblense, Binissalem, Constancia y Consell. También formó parte de la Comisión Deportiva del Constancia. Su hijo, Miquel Esteva Salas (4 de enero de 1948), alumno aventajado de la cantera inquense, siguió sus pasos, aunque como interior izquierdo, defendiendo las camisetas del Constancia, Hércules e Ibiza. En abril de 1976 anotó cinco goles contra el Vinaroz siendo jugador del Constancia.

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Corró, en la entrevista a ‘L’Estel de Mallorca’, confesó que en tiempos del franquismo el Real Madrid siempre estuvo más favorecido que el Barcelona: “En aquellos tiempos el Madrid siempre estaba delante”. También dijo que se imponía la lengua castellana: “Lo recuerdo bien. Nos decían: si eres español, habla el idioma del imperio. Era una aberración, nos querían quitar incluso la lengua”. Años después, en enero de 1968, en una entrevista a ‘RB’, reconoció que fichó por el Barça y no por el Madrid por “el verde de los billetes de mil. Los profesionales no nos podemos permitir ciertos sentimentalismos”. Falleció el 24 de marzo de 2000.

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