Antonio Peñalver: Un baño de plata para el atleta total

Antonio Peñalver: Un baño de plata para el atleta total

El murciano logró una histórica medalla de plata para España en el decatlón de los Juegos Olímpicos de Barcelona

«Cuando acabé, mi primera sensación fue de alivio por no haber fallado a nadie», recuerda Peñalver para SPORT

A mediados de los 80, en España causaba un juego en los albores de los Spectrum y Amstrad. Con gráficos antediluvianos, un muñeco con bigote realizaba las 10 pruebas del decatlón. Yo jugaba en aquellas maquinitas, echaba cinco duros. Empecé con el atletismo en 1982 y enseguida supe que aquel muñeco era Daley Thompson (británico).

Su rivalidad con Hingsen (alemán) era muy importante y estuvo hasta que llegó Carl Lewis en el 83”, comenta Antonio Peñalver a SPORT, medallista de plata en decatlón en los Juegos de Barcelona. Profesor de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en UCAM Murcia y entrenador en UCAM Cartagena, nos citó en las pistas de UCAM Cartagena para rebobinar recuerdos.

Casi por casualidad

“Yo era un mataíllo. Lento, descoordinado y saltaba poco, pero siempre quería más. Hacía varias pruebas sin saber que existían las combinadas. Casi jugando e interesándome por los puntos, más en serio en 1986 fui séptimo en el Mundial Junior y octavo medio lesionado en el Europeo Junior en 1987”, explica con una cautivadora sencillez.

Siempre a las órdenes de Miguel Ángel Millán en una historia muy triste que abordaremos después, este fornido atleta de Alhama de Murcia se convirtió en 1988 en el primer olímpico español en combinadas. Fue 23º con 7.743 puntos. “En Seúl lo hice mejor cuando se me pasó el susto. No tenía ni idea de se podía montar aquello, estar compitiendo allí con 70.000 espectadores en las gradas. Estaba al lado de mis ídolos, los veía enormes y me sentía un convidado de piedra. Esos Juegos afianzaron mis deseos de ser mejor”, indica con ojos brillantes.

Paso adelante

Al año siguiente logró su primer título español por encima de 8.000 puntos (8.050), pero a tres años de Barcelona 92 no pensaba en las medallas “ni en sueños por la noche. En el 87 cuando se supo, lo que sí quería estar allí y formar parte de eso. Y más tras regresar de Seúl, porque tenía la sensación de no haber disfrutado”. Fiel a su ‘leit motiv’, Peñalver no dejaba de mejorar y seguía haciendo historia con una sexta plaza en el Europeo de Split (1990) y una octava en el Mundial de Tokio (1991).

Antonio Peñalver hizo historia hace 30 años en Barcelona | DAVID RAMÍREZ

Ahí se produjo un cambio decisivo. Ya veía a los dominadores de las combinadas “como rivales y no como ídolos, pero ni un año antes de Barcelona pensaba que podía ser medalla. Es que con mis 8.300 puntos tenía a cinco muy por encima y cada año salía uno nuevo. Los humanicé y eso me ayudó mucho”. 

Al exDirector General de Deportes de la Región de Murcia (de 2006 a 2014) no le gustó la ausencia de Dan O’Brien. “Me dio mucha rabia que el mejor no estuviese. A ver, si hubiese participado yo habría sido bronce y no plata. Ha sido un mito junto a Daley Thompson y a Ashton Eaton, con permiso de Kevin Mayer. Me jodió que los espectadores se lo perdiesen, de verdad”, confiesa.

Tensión y gloria

Las semanas previas estuvieron marcadas “por la intranquilidad y por el nerviosismo”. Un atleta no está acostumbrado a que lo paren en la calle, a que lo reconozcan y a que le dan ánimos. “Esa sensación de no poder fallar a la gente fue difícil de llevar”. Y llegó el 5 de agosto. “El estadio coreaba mi nombre y eso no le voy a poder olvidar nunca. Les estoy tan agradecido”, afirma tratando sin éxito de no emocionarse un poco.

Peñalver se fue a dormir tercero y el galo Plaziat se había retirado. “Claro que ahí sí pensaba que podía subir al podio”, asegura antes de relatar cómo fue la noche entre los dos días de competición. “Dormí cuatro horas, que no está nada mal. Salí del estadio a las diez y entre el fisio, la descarga, la ducha y el bus me fui a dormir a la una y media. A las siete cogí el autobús, porque a las nueve tenía los 110 metros vallas. Eso sí, me quedé frito”, indica.

Peñalver, junto a la mascota de Barcelona’92 | DAVID RAMÍREZ

“Tenía la medalla casi segura antes del 1.500 y me centré en que no me pasase Dave Johnson, pero tendría que haberme ido con Zmelik para haber acabado en grande y por encima de los 8.500”, se reprocha casi 30 años después.

No hubo más medallas

Su primera sensación fue “de alivio” por no haber fallado, pero le pudo “la presión y no supe gestionarlo”. Después fue sexto en heptatlón en 1995 en el Mundial de Barcelona y se quedó a 11 puntos de ser finalista en los Juegos de Atlanta en 1996 después de romperse la costilla y no poder saltar con pértiga hasta dos semanas antes de la cita. Sin embargo, una lesión en el tendón de Aquiles en 1997, la falta de un diagnóstico claro y su tardía decisión de buscarse la vida precipitaron su final pese a que tan solo tenía 29 años.

Peñalver se queda “con el público”, pero durante muchos años se reprochó “el abrazo ese de los cojones”. Se abrazó a Millán, su entrenador que cometió abusos sexuales con él y con muchos atletas, algo por lo que necesitó una larga ayuda psicológica. De hecho, preparó los Juegos casi en solitario con los hermanos Benet y con Javier Aledo. “Nos hemos distanciado, pero él también fue clave”, recalca.

Colosal actuación hacia la historia sin Dan O’Brien

El decatlón empezó en los Trials, cuando el favorito Dan O’Brien hizo tres nulos en pértiga y se quedó sin Juegos, lo que abría la lucha por un oro que parecía en propiedad del estadounidense (un mes después batió el récord mundial con 8.891 puntos).

Peñalver empezó con 11.09 en 100 metros, 7,54 en longitud, fue el mejor en el peso (16,50), saltó 2,06 en altura, corrió los 400 lisos en 49,66 y se fue a dormir tercero con 4.357 puntos, tras el alemán Paul Meier (4.510) y el nuevo favorito, el checoslovaco Robert Zmelik (4.435). El estadounidense Dave Johnson mantenía opciones después de que los jueces le permitiesen un cuarto tiro en peso tras tres nulos. Otros dos candidatos estaban KO: el galo Christian Plaziat (sobre todo) y Eduard Hamalainen, de la CEI.

Peñalver, en Barcelona tras conquistar la plata en decatlón | JOSEP MARIA AROLAS

Meier se hundió el 6-A (15.22 en 110 vallas y 4,60 en pértiga), mientras que Peñalver estuvo magistral con 14.58 en 110 vallas, 49,68 en disco, 4,90 en pértiga, 58,64 en jabalina y 4:38.02 en 1.500 para colgarse una histórica plata con 8.412, solo tras Zmelik (8.611) y por delante de Johnson (8.309).

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“Para mí sí. Supusieron el paso de una era a otra y los que estuvimos allí tuvimos la suerte de vivir algo totalmente nuevo y maravillo. Fue un descubrimiento para todo el mundo. Lo que siempre nos quedará a todos los que estuvimos allí es la sensación de que ese espíritu olímpico que parece tan teórico la gente lo vivió en la calle y todos nos sentimos parte de algo muy grande y muy bueno que era en directo y que había producido la humanidad y en este caso los barceloneses y todos los visitantes”.